Soy un lector asíduo de la prensa italiana, sobre todo La Repubblica e Il Corriere de la Sera. En general es una prensa de calidad, aunque cabeceras señeras como La Stampa o Il Giornale hayan quedado seriamente damnificadas al sufrir la propiedad de Berlusconi (da pena ver el lamentable estado del rotativo creado por el gran Indro Montanelli). Sin embargo, al leerla ahora en el interior del país, he tenido una sensación sorprendente: no refleja en absoluto la vida cotidiana y el quehacer de la gente del país.
Los periódicos italianos, y por extensión todos los medios de comunicación, están totalmente presos por la información institucional, y vueltos de espaldas a la realidad de la calle. Algo sorprendente e inquietante en un país que tiene una riquísima vida social; pero solamente se ven, en las escasísimas páginas dedicadas a la información local (que no aparecen en las ediciones de tirada nacional) noticietas sobre el estado del pavimento o del tráfico. La gente corriente sólo protagoniza los sucesos y, en la televisión, los programas de cotilleo o lagrimeo. Allí es impensable siquiera un programa tan tonto como España Directo, de TVE 1, donde sale la señora Jesusa enseñándonos cómo prepara las migas o el vecino don Toribio asombrándose de lo mucho que ha nevado este invierno. Leer en los diarios secciones de sociedad en las que, como en El Periódico, se tratan profusamente los temas sociales poniendo en primera persona a sus protagonistas, es imposible.
Se lo comento a mi compañero Vicenç Lozano, que fue corresponsal de TV3 en Roma y sigue haciendo informaciones sobre Italia, y confirma mi impresión. La politiquería ha institucionalizado totalmente la información, de modo que los medios van por un sitio y la realidad social, por otro. Comentamos una entrevista con Paolo Flores d'Arcais:
Estamos inmersos en una crisis gravísima, económica, social e institucional, y los políticos son los primeros responsables. El mérito ya no cuenta, sólo cuentan las relaciones, los conocidos, el enchufe. (...) La izquierda no ha llegado al nivel obsceno de la derecha, pero no ha marcado un contraste.
El fundador de la revista Micromega cita también la tendencia de los jóvenes más inquietos a emigrar a España, cuando antes lo hacían a Estados Unidos.
Pero, metido en estas reflexiones, leo hoy a Baltasar Porcel, que advierte:
Nueva crisis italiana, lo que en España alegra mucho, pues tenemos a este vecino como el colmo del desbarajuste. Y lo es, pero con capacidad de ensayar virajes, mientras nosotros nos pasmamos en un formalismo procesionario de paso de Salzillo, con Bono de Saetero. (...) El país no es ni mejor ni peor que otros, pero reacciona como pocos. Su fascismo ya fue de más entidad que el mequetrefe falanismo español. E Italia aprovechó el final de la guerra, incluso los cristianos con De Gasperi, para apear a la monarquía y pasar a la república. (...) Mientras, gozan de un gran turuismo, sin destrozar burdamente su litoral. Todo ello al revés que en España, donde a la mucha ,urga se acomoda esa modora factual.
Cierto, pero el desánimo que palpé es real, tanto como el lamentable estado del pavimento de la capital, que en Barcelona y Madrid escandalizaría. Y sobre todo, el riesgo del que Flores advierte: "Si Berlusconi gana, asistiremos a la putinización de Italia".
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