28/06/09

¿Qué tenía de raro Michael Jackson?

Michael-jackson-time-magazine-cover La necrofilia periodística es una obligación de la actualidad cuya perversión no reside en su práctica misma sino en el insano ejercicio de bailar sobre las tumbas de los finados. Forma parte del código de estilo no escrito y no asumido de los medios echar mano del registro "monstruoso" para poder encasillar al objeto de la reseña en un nicho, valga la rebuznancia. Es una muestra más del empobrecimiento de las redacciones que no se debe al estado de la profesión sinó a lo peor de nuestro ADN: el gacetillerismo irreflexivo. Porque, vamos a ver, de qué extrañarse si un artista, vivo o muerto, es excéntrico; si hubiera sido un señor normal se hubiera dedicado a empleado de banca, dicho sea con todos los respetos para esta noble profesión. Los artistas están para eso, para llamar la atención y salirse de la norma, es decir, no ser normales. Para llamar la atención hacia su producto, para aportar interés al espectáculo y, las más de las veces, para sobrevivir en una industria cuya crueldad convierte al mobbing usual en las empresas industriales en un halago de chiquillos.

No me pareció Jackson más freak que Madonna, por poner un ejemplo. Y qué me dicen del careto de Keith Richards, a quien todos ríen las gracias, con esa pinta de haber salido de una pesadilla de John Landis. Ahí está la cruda verdad, amigos: del colega de Mick Jagger no se ríe nadie porque se le teme, y de Michael Jackson uno se podía cachondear porque era simplemente un niño rico y malcriado, o eso se le suponía. Es decir, la ley de la chulería callejera asumida por los ciudadanos de bien.

Ninguna "rareza" de este artista supera cualquier extravagancia con las que nos han deleitado las estrellas de Hollywood desde los felices veinte. Además, fijáos que los gacetilleros, cuando un grupo o artista famoso llega de gira, señalan sus "exigencias caprichosas de gran estrella", como cientos de toallas limpias, fuentes de frutas o un piano en la habitación. Vamos a ver, cuando te pasas tres o cuatro meses fuera de casa, viajando en todo tipo de transportes, de ciudad en ciudad, sin los objetos habituales de tu entorno, o te creas un ambiente doméstico mínimamente cómodo o te vas a hacer puñetas. Las toallas sirven para secarse el sudor en unas jornadas de escenario y no digamos de ensayos en las que se queman caloría a puntapala, tan exigentes o más que cualquier ejercicio atlético; la fruta, bueno, lleguen ustedes al hotel a las 4 o a las 5 y pidan al servicio de habitaciones un refrigerio potable y verán qué risa, y el piano, pues caramba, qué cosa más rara que los músicos necesiten un piano para hacer pruebas en privado. Durante mi etapa de reportero musical me las ví y me las deseé para conseguir que algún qué otro jefe de sección entendiese ésto.

No creo que Michael fuera pedófilo. Dado el entorno social y legal de Estados Unidos, y el resurgir de los puritanismos victorianos disfrazados de progresismo, y dada la más que reconocida figura del padre inescrupuloso espoleado por leguleyos para extorsionar a los famosos, las dudas son más que razonables. ¿Y Neverland, el zoo, los juguetes? ¿Porqué no se cuestiona pues el Graceland de Elvis, lugar de peregrinación consagrado? Y la compañía de Liz Taylor o alguna qué otra estrellona,  pues qué quieren que les diga, mucho más provechosa que según qué otra. Personalmente me han gratificado más mis conversaciones con Sara Montiel que algunas otras que prefiero olvidar.

Lo que me parece realmente notable del esfuerzo que Michael hizo por sobrevivir en la selva fue, de todos modos, lo que más se le ha criticado: el blanqueo de la piel y la cirugía estética. Se atrevió a romper con algo sagrado: la determinación genética que le aherroja a uno a un grupo racial, incluso un sector social. Nuestro artista ya tuvo lo suyo durante los años de explotación en la Tamla Motown, cobrando --junto con sus hermanos-- medio centavo por single vendido y dos centavos por elepé. Me imagino que cuando los mitómanos elogiaban a aquella meca de la cultura negra, él se cagaba en toda su parentela. Michael Jackson emprendió una huída, desde la fealdad, la explotación y la violencia, hasta lo que él consideraba un mundo posible de paz, belleza e inocencia. Se lo quiso comprar y fabricar a medida porque no disponía de otros medios. Sacó su música de la determinación racial y la elevó al olimpo del pop representado por aquella combinación de ritmo y melodía que alegró las vidas de los adolescentes desde el final de la guerra. Y tuvo como aliado a Quincy Jones, que es como ser escritor y que te protaja Borges vivo.

Personalmente, nunca me ha interesado demasiado la música de Michael Jackson, pero he admirado que inventase el videoclip moderno. Ahora, cuando la chusma bailotea sobre su tumba, me merece más respeto.

Ah, por cierto, por lo que respecta a posibles abusos químicos y sobredosis, aquí, en la patria del botellón, donde un crío de cada cuatro agarra un pedo cada fin de semana, haríamos bien en callarnos la boquita.

Edición especial de la revista Time dedicada a Michael Jackson

27/06/09

Vicente Ferrer no era de los nuestros

Cuando vi la descomunal falta de cintura del gobierno de la Generalitat de Catalunya con motivo del fallecimiento y funeral de Vicente Ferrer me di cuenta de que no me había vuelto paranoico, sino que me encuentro en un estado de lucidez semejante al de aquél diputado republicano que, al salir un día de las Cortes, exclamó: "Estoy hasta los cojones de todos nosotros". Al principio creí que se trataba de un error de protocolo fruto del ensimismamiento con el que Catalunya se vive últimamente a si misma: todo un funeral de Estado, con la asistencia de más de 150.000 personas que veneran a nuestro compatriota, y además en la democracia más poblada del mundo, patria de Gandhi y del pandit Nehru, quien hubiera podido dar lecciones de socialismo a más de uno y a más de dos, y enviamos a un respetabilísimo personaje de tercer orden protocolario porque le corresponde relacionarse con asuntos exteriores y cooperación. Somos estúpidos para eso y para mucho más, ya que hemos perdido un discurso propio y nuestro gobierno no hace más que articular pequeños movimientos tácticos que permitan convivir las fuerzas y tendencias políticas que conviven en él sin apuñalarse por la espalda y hundir el invento. Pero no; es todavía peor. Se trata de algo tan simple como que Vicente Ferrer no es uno de los nuestros.

La prensa llama a Ferrer "cooperante". Vamos, anda; cooperante el tipo que ha demostrado que una de las grandes lacras de la humanidad, el hambre en la India y la marginación de los descastados puede superarse, vencerse. Sin discursos ideológicos ni alharacas, Vicente Ferrer ha puesto en pie el huevo de Colón. Nada de lamentos sentimentaloides ni de discursos de oenegés: acción, esperanza y temple. Por ello, Vicente no le ha bailado nunca el agua a nadie, ni a la Compañía de Jesús a la que perteneció, ni al Vaticano, ni a la propia Indira Gandhi. No ha coqueteado con nadie ni se ha dejado asimilar pasivamente por ningún discurso ajeno al testimonio de su propia acción y exigencia ética. Por ese motivo, no ha podido entrar en la categoría de los "catalanes universales": su enormidad no encaja en ese sentimentalismo en el que nuestra nación gusta de mirarse y que paso a paso lleva empequeñeciéndola cada vez más. Pero hay algo peor: su figura tampoco encaja en el lecho de Procusto de las llamadas "ideologías".  Tras el --¿aparente?-- caos ideológico del actual Govern hay una idea transversal que lo cimenta: una fatal ideología de la mediocridad que lleva a sus consellers a gobernar la nación como lo hicieron en sus municipios cuando eran alcaldes o en las diputaciones en las que aprendieron el arte de la opacidad. Y tras esta no-ideología, una ideología de fondo que se pretende progresista, un supuesto espíritu laico que recela de cualquier inspiración espiritual --no digo religiosa, digo espiritual-- que motive una acción humana. Horrible herencia del sectarismo de las fuerzas de izquierdas de la época republicana, que veo resurgir en pleno siglo XXI con ropajes nuevos (García Oliver y la CNT-FAI precedieron a Pol Pot en el ejercicio del crimen antirreligioso y antiespiritual como medio de aplicar el terror revolucionario como paridor de una nueva sociedad y una nueva esclavitud, más insidiosa y cruel que la antigua. Aún hay ejemplos vivos hoy día: mírese a Corea del Norte o incluso a Cuba, y óigase como Chavez jalea al belicista nuclearizado Ahmadinejad; ¿dónde están las protestas contra el armamento nuclear de la izquierda realmente existente? Ja, ja y ja).

Me acuerdo de los antecedentes cristianos del PSC y de cierto sector del PSUC. Estos últimos han sido borrados de la faz de Iniciativa; respecto a los primeros, me gustaría saber qué pasa por las cabezas de gente como Josep Maria Carbonell, Pilar Malla y Àlex Masllorens y muchos otros. Pero caigo en la cuenta de que no sólo ha sido la conferencia episcopal la que ha vuelto la espalda a Vicente, como era de esperar, ocupados como están en cavar la trinchera que les separa de la realidad. Tampoco la izquierda católica catalana se encuentra cómoda ante él, por lo menos del mismo modo que se siente próxima al obispo Casaldáliga. Tampoco Ferrer hizo gestos ante una sociedad en la que lo transversal es, precisamente, el culto al gesto que halague el propio narcisismo. Por ejemplo, el narcisismo de pensar lo bueno que sería disponer de una iglesia nacional propia, ajena a la cutrez madrileña y al diktat vaticano. Tener un obispo allí en la lejanía, también santo y bueno, "descalzo sobre la tierra roja", aunque considere casi un santo a aquél Guevara que aspiraba a ser "una perfecta máquina de matar" y comenzó ejercitándose en la represión postrevolucionaria. Por lo demás, con el Concilio Vaticano II enterrado bajo siete llaves, colgar los hábitos no se perdona, aunque la consecuencia haya sido encarnar los valores del Evangelio. Si no han hecho santo a Juan XXIII, ¿van a hacerle caso a un ex curilla?

Hay, pues, muchas cosas mezcladas en este "signo de los tiempos" al cual asistimos. Mucho más que la inanidad de un gobierno (en su conjunto: admiro muchísimo a Joaquim Nadal, Antoni Castells y Mar Serna, pero los tripartitos fueron concebidos para resistir al último Aznar y no para llevar adelante a la nación, se trató de un invento de Maragall que le sobrevive como un espectro. Las izquierdas catalanas están agotadas ideológica y políticamente, pues todo efecto responde a una causa). Las derechas nacionalistas tampoco se sienten cómodas con Ferrer; véase que, mientras La Vanguardia aprovecha el caso para aportar al asunto un poco más de salsa de Dragon Khan, el Avui, que no tiene porqué disimular, esconde el cadáver del "cooperante" todo lo que puede. Y el independentismo, encantado de conocerle, pero anda ocupado en buscar magníficas soluciones del siglo XIX para problemas del siglo XXI. Según los sabios del tema, nación y lengua son equivalentes; por tanto, como Vicente no sacrificaba ante una u otra, que le vayan dando.

Joan Majó escribe hoy en El País y se refiere a los últimos informes del European Innovation Scoreboard, que elabora cada año la Universidad de Maastricht para la Comisión Europea; al Global Information Technology Report, que asimismo publican anuanlemte el World Economic Forum y la escuela INSEAD de París. Según sus indicadores, en términos de innovación,  Catalunya ha pasado de la segunda posición entre las comunidades españolas a la cuarta, detrás de Madrid, Navarra y Euskadi. A eso precisamente he querido referirme: la incapacidad de reconocer la grandeza empequeñece. Por lo que respecta a la cooperación, las oenegés y al discurso de la Catalunya solidaria que muestra al mundo su buen corazón --nuestro benéfico paso por Sarajevo no ha impedido que aquellos grupos nacionales sigan odiándose entre si-- cada vez que oiga hablar de estas milongas en términos de sociedad civil catalana me voy a carcajear sonoramente pensando en el hombre que demostró que era posible acabar con la lacra del hambre en la India. O en los comunistas que gobiernan el estado indio de Kerala, que también han puesto patas arriba el mito a base de acción y arrojo. Yo también estoy hasta los cojones de todos nosotros. Y lo terrible es que la alternativa política a todo este asunto es aún peor.

17/06/09

La Torá entera parado sobre un solo pie

Hay un viejo relato en la tradición judía sobre el hombre (gentil) que le pidió al rabino Shamai (50AEC-30EC) [rigorista, de la escuela farisea halájica con la que Jesús solía debatir] que le enseñara el judaísmo parado sobre un solo pie. Shamai, notoriamente impaciente, se desentendió del hombre echándolo con cajas destempladas. Luego el hombre fue con el gran rabino Hilel el Viejo (Hillel Ha-Zaquen, 70AEC-10AEC) y le hizo la misma solicitud. Parado sobre un solo pie, el gran rabino Hilel le respondió: «No hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran. Esa es toda la Torá; el resto es comentario. Ahora ve y enseña esto»

Leerlo entero

10/06/09

Un dolor de muelas y un cabreo que no tiene nada que ver con la dentadura

Querido tío Pepe Luís,

Introduces un comentario para preguntar dónde me he metido, y añades que añoras mis consignas. Ya te vale, con los años que he pasado siguiendo las tuyas, y con provecho (!). Pues he estado dándome un baño de realidad en forma de tremendo dolor de muelas y tratamiento odontológico intensivo. Frecuento casi cada día un simpático dentista francés hijo de un colaborador de Pierre Méndes-France y admirador de Dominique Voynet, lo que demuestra que si el destino no existe, por lo menos la serendipidad funciona a topetín. El benévolo doctor se esfuerza para salvarme una pieza que se menea más que una mulata del Tropicana, mientras escucho sus sabias lecciones sobre política de izquierdas francesa con la boca abierta, dicho sea esto en el sentido literal de la expresión.

De modo que, oscilando entre el calambrazo y la anestesia local, no estoy demasiado disponible en el ciberespacio, pero a decir verdad, el baño de realidad no ha consistido solamente en este achaque sino en el clamoroso porcentaje de abstención catalana en las últimas elecciones. Sesenta y dos por ciento, se dice pronto. Pero no es la abstención de los unos, sino el tancredismo de los otros. Alguien ha dicho que la preocupación por la abstención les suele durar a los líderes políticos unas 48 horas tras los resultados, y luego a otra cosa mariposa. Esta vez han liquidado la tarea en menos tiempo: la jefatura socialista catalana dice que la culpa la tuvo el tren, perdón, Zapatero, y la secretaria de organización del PSOE dice que somos el partido socialista que mejor resiste, mamita, los bombardeos. La izquierda contratante de la primera parte no dice nada porque esta vez no cuela el cuento de la necesaria reforma de la ley electoral y porque a lo mejor sí se puede descender más todavía, con lo que Cayo se ha ido a echar su domino en el casino del pueblo (del que nunca debió salir) y Saura, a pensar nuevas estupideces que pueda ir cometiendo el sensacional Pérez Moya, ya que la izquierda de debó puede hacer las burradas que le apetezca que por eso la vírgen de Montserrat le hace llover a la carta.

Como puedes ver, no estoy precisamente con la moral izquierdista muy alta. Y no es que me afecte la desafección, y perdón por el retruécano. Es que un servidor firmó, como muchos otros y tú entre ellos, el manifiesto Montilla President. Y lo volvería a firmar ahora como lo hice entonces, harto de que las ocurrencias de un presidente socialista sin programa socialista pasen por genialidades, de que nadie viese que la generación de un nuevo Estatut d'Autonomia era un callejón sin salida, y de que se confunda el radicalismo pequeñoburgués con el progresismo. Porque esa es la verdadera transversalidad política catalana, el radicalismo pequeñoburgués que se entrega a los gestos cuando es incapaz de transformar las realidades.

Los socialistas tenemos un problema gordo: el partido socialista no tiene un discurso socialista. De ahí vienen todos los males. Sus socios de gobierno sí  tienen discurso: ERC se ha hecho nada menos que con la gestión de las cuestiones culturales y nacionales del país, con lo que el viejo Antonio Gramsci debe estar revolviéndose en su tumba preguntándose qué clase de socialistas ceden graciosamente la lucha por la hegemonia cultural; ICV está encontrando el bálsamo de fierabrás al ver que bajo la murga ecologista puede colar todo tipo de tacticismos oportunistas (otro día explicaré porqué creo que el ecologismo es una peligrosa idea reaccionaria, y pondré el ejemplo del Bicing como principal enemigo del fomento del transporte público).

Achacar la desafección a la conducta de Zapatero en cuestiones de financiación no ha contribuído a mejorar el panorama. Para tener un partido socialista que reacciona como un partido nacionalista no hacía falta hacer el recorrido que se ha hecho desde la fundación de Convergència Socialista hasta hoy. Incluso hay espíritus sensibles --lo digo con respeto y sin ironía-- como mi admirado Raimon Obiols que atribuyen la desafección a las travesuras de los chavales del programa Polònia, con la que está cayendo. La cosa es muy otra: Cataluña y España están viviendo en muy pocos años una transformación social y económica de tal calado --la globalización era esto-- que no se aviene con unas formas de hacer política en las que nuestros líderes se encuentran muy cómodos pero que ahuyentan a la gente realmente existente, que no es la gente que imaginan las élites de los entornos "institucionales", especialmente entrenadas en universidades y mandarinatos a mirar sin ver.

Carmen Romero, en un detalle que revela su enorme inteligencia, dijo el otro día que pedimos a Obama que haga las cosas que desearíamos que nuestros líderes europeos hicieran. Yo sólo le pido al partido socialista que haga una moderada política socialdemócrata de centro izquierda, que se libre de oportunistas y nacionalistas y suelte lastre de la empalagosa y paralizante cultura institucional catalana que cada vez se muestra, como dice Antoni Puigverd, otro hombre clarividente, más medievalizante.


03/05/09

La noticia perfecta

Igual que existe la tormenta perfecta, también se da la noticia perfecta. Ambas son el fruto de una confluencia de circunstancias excepcional, el raro resultado de una conjunción de factores que muestran que lo que llamamos mundo es un sistema muy sofisticado que se expresa en clave de totalidad. Pero si la tormenta perfecta reta a las naves a superar el non plus ultra de la navegación, el desafío que representa la noticia perfecta no es menos inquietante, pues implica a la mente. La mente individual y la mente colectiva.

La noticia perfecta de estos días es la pandemia de la gripe porcina. ¿Qué otra cosa sino podría casar mejor con el bajo contínuo argumental de la crisis global? La mente colectiva impulsa a la mente individual a completar el puzzle de la miseria: miseria económica y productiva, miseria ecológica, miseria física. A decadencia económica, decadencia corporal: fiebre, vómitos, diarrea y muerte. Es decir, el viejo y conocido relato de La Peste.

Nunca me canso de repetir, para escándalo de quienes se han formado en un "espíritu crítico", que los medios de comunicación no se conjuran para "manipular" a la gente por más que existan grandes corporaciones que lo pretendan. Es más sencillo que todo eso: basta con decirle a la gente lo que desea escuchar. Y esta es la canción que deseábamos bailar ahora, la canción de la Expansión de la Miseria. Esto no es tan revelador de los medios de información como de nosotros mismos.

El virus Ébola, ¿recuerdan? Incluso se hizo alguna película de cierto éxito. La fiebre del pollo, bah, ya la hemos olvidado. El tsunami: oh, ese casi acertó, pues resonaba con otra canción muy del agrado de nuestra mentalidad miserable, la Subida de los Mares, fruto del Gran Castigo del Cambio Climático, castigo de nuestros pecados industriales y postindustriales. Pero la peste porcina, eso ya ha sido otra cosa, en este preciso instante. La Peste es la justa compañera de La Miseria. El Gran Castigo tiene un inconveniente: el relato de la Atlántida es demasiado, digamos, grande y heroico: el orgullo de la gran civilización tecnológica hundido en las aguas de la Vengativa Gaia, Gran Madre Kali que devora a los niños malos que desearon huir de los dictados de Natura, gracias a las artes de su ingenio. No, necesitamos una miseria más digerible y cercana, es decir, más adaptada a nuestros hábitos de consumo, una miseria que te pueda alcanzar ahorita, a causa de un estornudo inoportuno, un contacto inusual o un viaje de consecuencias insospechadas.

La gripe es "nueva": el rápido recurso al eufemismo neovictoriano por parte de los encargados de kindergarten de gobiernos y medios indica que ahora sí, ahora estamos cerca del Miedo. Si es nuevo será sospechoso, como el Facebook que hace que los niños no estudien y los videojuegos que los hacen violentos. Uno se protege con una mascarilla, un cortafuegos para el orificio bucal, por donde entran las hamburguesas, los Kinder Buenos, las pizzas y todas las golosinas de la gastronomía recreativa. La ventaja de la mascarilla es que se puede lucir en público, se puede observar si alguien la lleva, puede especularse si en este o aquél avión la gente ha sido, oh, responsable, es decir, que ha respondido a la alarma general y a la fuerza de la narración de La Peste Ahora.  Para decirlo con claridad: la máscara es muy social y puede/debe exhibirse en público, a diferencia del condón, pues la boca no es lo mismo que la, perdón, polla. Quizás entremos en una carrera de Significados entre máscara y condón, a cuál más prometedor, en la dialéctica del morir por donde uno peca.

Todo eso parece un relato colectivo, una narración construída por la Tribu Global en busca de un mito que explique cómo hay que vivir (la histora "cuenta" cómo son las cosas, el mito, cómo deben ser). No una narración que narramos sino una narración que nos narra a nosotros; no hacemos otra cosa que ajustar nuestros ritmos personales a un ritmo grupal. (¿No fue así cómo ascendió el nazismo en los 30?).  La idea de manipulación a cargo de la cultura de masas es una niñería comparada con el nivel que hemos alcanzado ahora. Siempre he pensado que Orwell era un imbécil que nunca entendió nada, y la persistente persecución de la noticia perfecta por parte de todos nosotros, medios, lectores, instituciones, es la prueba. Todos somos narradores y todos somos hermeneutas --leed a Héctor Borrat-- y nos narramos a nosotros mismos... eso mismito que nos conviene. Pues el problema no es La Peste exterior sino la miseria interior que habita en nosotros y que nos hace reclamar a voz en grito que se hunda el mundo.

25/04/09

La narración de Susan Boyle, working class heroine

El éxito mundial de Susan Boyle --30 millones de personas han visto el clip con su actuación en Britain's got talent que la ha lanzado a la fama-- se basa en una narración de hierro, una minipelícula de 7 minutos que encierra algunos de los más potentes mitos sobre los que pivota el inconsciente colectivo. Uno de ellos es el del patito feo, pero hay más: David y Goliat, por ejemplo. El productor Simon Cowell se ha revelado como un genial intuitivo de los signos de los tiempos, pues la historia de Susan Boyle es el mito doméstico que ajusta perfectamente en estos tiempos de crisis económica global: por encima del destino y del infortunio, la bondad interior vence a quienes te desprecian y te fastidian la vida; tu momento está siempre ahí, esperándote, y en algún momento surge; la gente sencilla tiene mucho que decir ante quienes lo tienen todo; ahora que los fastos del delirio consumista se revelan como cenizas --David Beckham, su posh, la cirugía estética, la pseudobelleza acartonada y la pasta a chorros-- resurge el aprecio de la belleza interior como refugio y reivindicación de los que nada tienen.

El negocio del espectáculo se convierte en la palestra principal donde se escenifica el mito oportuno en el momento justo, sobre todo en las épocas de crisis económica. Horace McCoy narró magistralmente el último recurso de los jóvenes hambrientos en la Gran Depresión, cuando competían en los concursos de baile con premio en metálico (la versión cinematográfica de ¿Acaso no matan a los caballos? fue estrenada en España como Danzad, danzad, malditos) recurriendo a un relato dramático negro y angustioso. Pero los públicos actuales, en mitad del proceso de remezcla de las tres pantallas (televisor, ordenador y teléfono móvil) no compran historias deprimentes o de "no future" (el punk es una reliquia antediluviana) pues, siguiendo la sabiduría popular, no quieren añadir más miseria a la miseria (esto es algo que los intelectuales críticos de las clases medias son incapaces de entender). Hace sólo cuatro días que las clases populares del Reino Unido vivieron como ordalía colectiva los días finales de Jade Goody, la estrella del Gran Hermano inglés que murió de cáncer dejando dos huérfanos; fue una catarsis colectiva semejante a la del funeral de Lady Di con una narración muy clara: hasta la más inculta y basta persona marginal puede redimirse haciendo gala de su virtud interior, en este caso, mantener el temple ante la inminencia de la muerte y retar a la opinión pública con valentía al vender a los medios su fatídica cuenta atrás para ganar dinero con el que asegurar el futuro de sus hijos. El arrojo final de Jade Goody ha sido leído en clave de heroína de la clase obrera, y a quien le parezca grotesco o inconveniente sólo tiene que recordar que el Vaticano proyectó del mismo modo sobre las masas los últimos tiempos de vida de Juan Pablo II, sin disimular su decadencia física, con la misma intención ejemplarizante, en este caso, poner ante los ojos de la gente los temidos fantasmas de la decadencia, la incapacidad, el sufrimiento y la vejez para que no volvieran la vista ante estas realidades de la vida.

Después del caso de Jade Goody, la narración tenía que cambiar de registro. Consumada la catarsis, tocaba el turno a la epopeya, una epopeya doméstica, pequeñita, de bolsillo, apta para la telefonía móvil y You Tube. Es probable que estas epopeyas no funcionen en los países mediterráneos de tradición católica, cínicos por tanto, a causa de la necesidad de mentir y disimular para sobrevivir en un entorno marcado por la(s) inquisición(es). Téngase en cuenta que la famosa expresividad de los sentimientos propia de los países latinos no implica sinceridad, por lo menos en la relación, por más que sea auténtica, y que aquí en Cataluña no es de buen tono expresar admiración por nadie, declarar las propias ideas más allá de tópicos compartidos en grupo o reconocer el valor de las historias de vida positivas, a menos que cumplan con ciertos parámetros vinculados a los registros sentimentales nacionales, basados en la conmiseración. Pero en otros lugares --allá donde Salvador Espriu decía que hay gente desvelada, culta y... feliz, palabra maldita en mi nación, donde se considera obsceno reconocerla, proponerla u ostentarla-- la exhibición sincera de los propios méritos es conveniente y ejemplar. El lema que arropa a Susan Boyle es un refrán: "No hay que juzgar a un libro por su cubierta". Nos hallamos en el sector de la vieja sabiduría popular imbricado en el poder del mito de la reivindicación final del débil frente al poderoso, arraigado en las Bienaventuranzas pronunciadas en el Sermón de la Montaña por Jesucristo.

Cree la superstición que estas historias son proyectadas al público por los medios de comunicación en clave de montaje o manipulación. Ello es consecuencia de los errores repetidamente cometidos por muchos científicos de la comunicación, sobre todo la escuela de Frankfurt, cuyo elitismo cultural les impedía comprender la complejidad de los nuevos escenarios comunicacionales y de la cultura de masas. Es falso que la gente consuma lo que alguien decide darle: ese algo debe coincidir con sus gustos, sus intereses y sus necesidades en el momento de recurrir a la comunicación como recurso de (super)vivencia colectiva, y teniendo muy en cuenta que el principal recurso en este sentido es el entretenimiento. Quienes trabajamos en televisión pensamos que ojalá existiera esa palanca mágica que hace funcional el chorro de alimentos que va a parar directamente a las bocas de los espectadores-polluelos. El espectador tiene espolones, y cuando parece tonto es simplemente que se lo hace para que no le compliquen la vida.

Hay, por supuesto, en el caso Susan Boyle, un casting magnífico. Pero un casting se limita a encontrar encuentra lo que ya existe, y ningún casting puede crear de la nada un material a medida de la exigencia requerida. Y Susan Boyle es auténtica. Hay, por supuesto, escenificación deliberada del cambio de actitud del jurado del concurso antes y durante la actuación, pero los gestos de desagrado del público asistente ante la aparición de Susan en escena son reales. No es manipulación sino narración, consistente en saber qué está pasando, qué significa y qué implica su comunicación. Olvidamos que todo es narración, y que no sólo todo comunica sino que todo narra. Y que la narración de ficción es lo más eficaz para explicar lo real. Y lo real aquí es la luz interior de Susan Boyle, que la sofisticación de la narración y su aparente naturalidad, como recursos imprescindibles, no hacen más que poner de manifiesto. Lo mismo que hizo Richard Lester con los Beatles en Qué noche la de aquel día, ¿recuerdan?

El riesgo es la ambigüedad que reside en la demanda de autenticidad en la comunicación masiva; véase el triunfo del porno casero via internet frente al manufacturado via DVD. La narración disimulada que aspira a ser no-narración encierra un peligroso potencial que hay que analizar aparte.

16/04/09

El caso Susan Boyle, una escocesa fea, católica y sentimental que quiso ser cantante

Susan Boyle es una joven dama escocesa de 47 años, que se encuentra en el paro y canta en la parroquia católica de su barrio, en una pequeña ciudad, donde además participa en las obras caritativas de la congregación. Tiene ese aspecto de las señoras de cierta edad que uno se encuentra en los pubs tomando pequeños chupitos de gin tonic, una notable papada y cierto aire despreocupado. Susan, que se considera a si misma como "una solterona" y que nunca ha tenido novio, se presentó al concurso de televisión Britain's got talent, un formato de la ITV que se dedica a descubrir nuevos valores de la canción y las artes escénicas. Su ilusión: ser cantante profesional como su admirada Elaine Page, estrella que triunfa en el West End londinense con el musical Los Miserables.

Cuando Susan fue admitida al concurso y salió a escena, el jurado la miraba como una marciana a causa de su aspecto digamos poco formal; el público, directamente, se le choteaba en la cara. Y ella, tan tranquila, comenzó a cantar I dreamed a dream. Pinchar ahora en el vídeo de la audición:

Este vídeo fue visto por más de tres millones de internautas la misma noche que fue colgado en internet. He descubierto a Susan Boyle esta tarde mientras veía el canal internacional de TVE 24 horas y luego he hallado sus materiales en el blog de Clara Llum Ibáñez. Descubrir a Susan ha sido una experiencia emocionante, un ejemplo del que aprender y una muestra de lo que la vida puede ser. El encanto de Susan Boyle es más que una mezcla de autenticidad y contraste entre lo esperado y la realidad. Su enorme atractivo noreside como canta, sino la irradiación de algo muy profundo. Lo que los anticuados llamamos alma.

Web de los fans de Susan Boyle

Blog que analiza el éxito de Susan Boyle

Britain's Got Talent 

11/04/09

"Fatxenderia" es el concepto

En catalán tenemos una palabra muy expresiva, "fatxenda", que significa presunción, ostentación, y "fatxenderia", ampulosidad ostentosa. Me ha aparecido, como una revelación, en el blog de Xiruquero-kumbayà, mientras trataba de entender estos extraños tiempos. Mi amigo excursionista empleaba ese contundente apelativo, "fatxenderia", para describir el aspecto actual de la fauna que pulula por la comarca pirenaica de la Cerdanya, con chalets horteras, todoterrenos invasivos y personal... "fatxenda". Me doy cuenta de que un siglo no pasa en vano: se practica ahora en la ruralia urbanizada lo que a principios del siglo XX se hacía en el paseo de Gràcia de Barcelona: "fer goma", otra feliz expresión que alude a presumir yendo de paseo. La goma es la gomina con la que se embadurna el pelo el triunfante hombre de negocios que sale a mediodía a hacer ver que toma el sol y en realidad a ser visto, con señora y prole incluídos, como ejemplo de lo que es tener éxito en la vida. Ahora, en el centro de Barcelona no se puede hacer goma porque el modelo de ciudad que les ha salido a los gobernantes ha importado al núcleo urbano un miserabilismo que pasa por cosmopolitismo y que no es únicamente propio del turismo barato sino también un reflejo de un complejo cambio social que es difícil de describir porque articula diversos fenómenos convergentes: desarraigo inmigrante, juvenilismo permisivo disfrazado de progresismo, caída en picado de la calidad de los servicios y desdibujamiento de un paisaje humano cada vez más "fuzzy". Cuanto más insistentes son las campañas autopromocionales del ayuntamiento barcelonés, cuanto más insisten los pensadores de una comunicación política pretendidamente cosmopolita en el fomento del orgullo patriótico ciudadano, más "fuzzy" es el paisaje urbano real.  El resultado es una capa superficial de "fatxenderia" inane aplicada al uso, que se contrapone a otra "fatxenderia" surgida del polo sociopolítico opuesto, del cual el "que n'aprenguin!" del presidente del Barça es un epítome de un modo de estar cocinado a fuego lento en los restaurantes caros del Maresme montañoso y profundo.

En el comentario que dejé en el blog de Xiruquero dije, y perdón por la autocita, "pedíamos libertad, amnistía y estatuto de autonomía y lo que finalmente hemos obtenido es fatxenderia". Esta plaga rebosa, abundante, por todos los poros del cuerpo social aparente, sobre todo porque es un eficaz antídoto de la funesta manía de pensar. El presidente Montilla propuso, en su campaña electoral --cuyo manifiesto yo firmé-- "hechos y no palabras". Ahora, yo pido a las izquierdas de mi país ideas y no gestos. Cuanto más complejos son los escenarios que se aparecen no en el horizonte sino frente a las narices, más temor hay a pensar a fondo. Para unos, la solución es la independencia, como si el Mediterráneo occidental fuera uno de los descosidos de la Europa del este y no un punto de máxima tensión estratégica del planeta. Para otros, la "cooperación" o armonización autonómica sirve como bypass de la democracia federal, creyendo que la sociedad del mañana que ya está aquí se puede sostener sobre un estado impasiblemente unitario. Aquellos intentos de hacer un programa modernizador de la izquierda española, como el programa 2000 de Manuel Escudero nos suenan como si pertenecieran al Jurásico.

Aquí en Catalunya, el desparpajo sociopolítico madrileño ("Lo hecho, hecho está" o "¿Para qué queremos internet a nosecuántos gigas?") nos revuelve las tripas. Hay gente ingenua que cree que el obstáculo es España, la monarquía o el toro de Osborne, y ello les permite generar a su vez un nuevo modelo de intolerancia dogmática que entre los suyos no es percibido como tal, gracias al juvenilismo permisivista, otro cemento ideológico enormemente útil para hacer pasar "bou per bèstia grossa". Pero la "fatxenderia" que mi amigo excursionista ha sabido rastrear en lo que queda del paisaje de nuestro país es de cosecha propia.  Los catalanes hemos destrozado el paisaje físico rural y el paisaje urbano social, con la misma fruición tanto Capulescos como Montescos. Y el resultado es un país barato, una sociedad barata y una manera de vivir barata. Barato de baratillo. El miserabilismo, encarnado por el así llamado ecologismo, que en su versión política realmente existente no es más que tacticismo oportunista, tiene aún mucho porvenir. En tiempos de crisis nos lo venderán como austeridad. Pero en realidad es otro bálsamo para que la "fatxenderia" pueda seguir, rampante.

25/03/09

Lo que piensa Aznar ahora

Extensa entrevista con José María Aznar en el diario El tiempo, de Bogotá, en la que el ex presidente español habla sobre la actualidad política mundial. Para conocer el discurso actual del líder neocon.

Vía: diario Público.

23/03/09

La crisis y los sobres vacíos de Eledino García

Eledino García, dueño del restaurante Mireya (Còrsega 534, esquina Marina; Barcelona) ha optado por una solución creativa ante la crisis que afecta a su clientela y por tanto a su negocio. Ha dejado de poner precio fijo al menú, y cuando le piden la cuenta, ofrece un sobre vacío para que el cliente deje lo que desee. Eledino no abre los sobres hasta que todos los comensales han abandonado el local, para así no teneer que señalar involuntariamente a alguno como parsimonioso, magnífico adjetivo que los italianos aplican a la tacañería (y sépase de paso que a Eric Clapton le llaman Mano Lenta no por su modo de tocar la guitarra sinó por su actitud a la hora de pagar las rondas en el pub).

El resultado es que nadie se marcha del local sin pagar habiendo comido, con lo que Eledino ha demostrado que la gente es buena, y que nuestro país está atravesado --todavía-- por redes de complicidad social basadas en cierta moral y en lo que se puede llamar la confianza mutua de los modestos, como señala Jaume V. Aroca, el periodista de La Vanguardia que publica hoy el reportaje deedicado a la experiencia. El riesgo es que, como el propio Aroca señala, con ello se tienda a una desregulación que conduzca a la situación de muchísimas camareras en Estados Unidos, que no tienen sueldo asignado por la empresa sino que viven de las propinas de los clientes.

Me quedo con lo de la confianza mutua de los modestos, que me suena más entrañable que la manoseada y mal utilizada palabra "solidaridad". La confianza mutua de los modestos se basa precisamente en ese sobre vacío y anónimo. Más entrañable, más revelador y más estimulante, porque gracias a ella un servidor y más de otros dos estamos aquí, vivitos y coleando. He ahí una misión social que llevar adelante con ánimo optimista: promover la confianza mutua de los modestos ahora y aquí. Que vengan ideas e iniciativas.

Mi foto

Sociedad Red

Bloginmedia

MAS BLOGS DE COMUNICACIÓN Y SOCIEDAD EN:

Blog powered by TypePad

junio 2009

lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30          

Suscribirse a este blog

AddThis Social Bookmark Button