El pesimismo social y político en Italia
Los italianos están mustios y desanimados. Ante la perspectiva de las próximas elecciones, no se ve ninguna corriente de entusiasmo, y menos de movilización. Incluso la propuesta de Walter Veltroni y su Partido Demócrata es parsimoniosa. Se da uno cuenta de que el circo político de ese país, lleno de triquiñuelas y todo tipo de componendas ha acabado por sumir al país en el desánimo.
Hay una gran lección que aprender de allí, desde España. La primera, identificar que, más allá de la peculiaridad de la política italiana en su conjunto, allí ha habido un experimento que posteriormente se ha querido trasladar a nuestro país: el ensayo y la estrategia de sembrar pesimismo, confusión, enfrentamiento y rabia por parte de la nueva derecha como medio de desanimar a la sociedad, desmovilizar sus potenciales creativos y perpetuarse en el poder.
Mientras Italia está postrada, en la prensa afín a Berlusconi se publican páginas enteras en las que se describe el reparto de ministerios previsto entre sus partidarios. El mismo Cavaliere resurge, proponiéndose como salvador de Alitalia para que no caiga en manos extranjeras (Endesa, la Caixa, eléctrica alemana, ¿les suena?). Ante lo complejo de la situación no hay más programa que patrioterismo y chulería.
En España se ha querido aplicar lo ensayado con éxito allí. Sembrar desazón y pesimismo para que la sociedad se desanime y se postre, de modo que no haya acción política progresista, que siempre conlleva movilización social, y se quede sola la nueva derecha para adueñarse del poder. En las democracias en donde hay una derecha liberal demócrata normal, sus formaciones buscan la movlización social y política para lograr el poder. Ello implica necesariamente hacerse con los votos de los moderados e indecisos, y por lo tanto, luchar por el espacio del centro. En España, como en Italia, no es así: esa nueva derecha no liberal utiliza la llamada crispación como estrategia central. Desde las inmorales diatribas de la COPE hasta los trolls ultras en internet, se trata de hacer tanto ruido que la gente normal quede asqueada y se aleje de la política, dejándoles el campo libre. Así de sencillo.
Curiosamente, en la prensa española no aparecen los frecuentes encuentros que se producen entre José María Aznar, como representante de la FAES, con Gianfranco Fini y su fundación homóloga. Parece que ambos líderes neoderechistas coordinan bien sus esfuerzos y trasvasan elementos entre sus think tanks. Recuérdese que los orígenes --recientes-- de Fini están en el neofascista y mussoliniano partido Alleanza Nazionale, que recogió los restos de la extrema derecha aventada por las tramas negras previas a los años de plomo.
Vistas así, las cosas, la campaña del PSC en Cataluña, bajo el lema del optimismo, cobra verdadero sentido. Tenemos mucha suerte de que los sembradores de asco no hayan triunfado como en Italia, y deberíamos estar satisfechos y persistir en ahuyentar el mal rollo. Y, por supuesto, sin dejar de comprar la rica mozzarella italiana, por más que le haya alcanzado también el mal rollo impenitente de su país. Estaría bien que los italianos progresistas, que están fascinados por Zapatero, comprendieran esto y se pusieran en movimiento, con o sin Veltroni.
Algo sobre esto, y mucho más en una entrevista con Umberto Eco.







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