El asesor de comunicación política Antoni Gutiérrez Rubí tiene un descomunal repositorio de documentación y materiales para hacer un seguimiento exhaustivo de las elecciones a la presidencia de Estados Unidos, que sirve tanto para seguir la jornada electoral, para acabar de ponerse al corriente, como para descubrir el papel fundamental que internet ha tenido en el liderazgo de Barack Obama.
Habrá un antes y un después de la política en torno al punto decisivo de maduración política que ha sufrido internet con motivo de la campaña del senador por Chicago. Los escépticodepresivos se lamentan de que la red es un mar de comentarios basura, Pero Andrew Rasiej, que asesoró a Obama en su despegue digital, dice la obviedad de que "la red es caótica porque la realidad también lo es, pero en esa confusión también aprendemos a descubrir verdades y rechazar mentiras" (Hoy, en La Vanguardia). La promesa de revolución comunicacional democrática de internet sigue en pie, si los internautas seguimos al pie del cañón. Por algo tan simple como lo siguiente: "Una ley te permite votar a un alcalde cada cuatro años, pero una conexión de internet te permite colgar cada día en la red la imagen de la basura que está en la calle".
Al principio del movimiento demócrata para estas elecciones me mostré partidario de Hillary Clinton. Su solvencia le había sido concedida por la dimensión de sus más feroces enemigos: la industria farmacéutica y los lobbies enemigos de un servicio público universal de salud. Obama me parecía en aquel momento una insinuación inmadura, producto de un calentón progre. Pero la habilidad con que el senador se ha producido me ha ganado. Se dice que los europeos nos equivocamos cuando vemos en él un político de centroizquierda al uso europeo. Pienso, y que nadie se extrañe por ello, que afortunadamente, Barack Obama no es un político europeo de izquierdas. Eso significa que no está preso de mil y un respetos humanos, de las dudas estratosféricas sobre el modo como acometer las nuevas realidades del siglo XXI, que no se siente obligado a halagaar a las satrapías árabes disfrazadas de movimientos de liberación ni a ser tolerante con los oscurantistas sudamericanos pseudosocialistas, ni asiste, con pachorra taimada y navaja en mano, al hundimiento de la izquierda nacional como los dirigentes del partido socialista francés.
Por ese motivo, a título personal y de proximidad y sin comprometer nada más he estado haciendo campaña pro Obama entre los "democrats abroad" de por ahí. Y voy a seguir trabajando para que las gentes progresistas de Europa abran los ojos de una vez ante las correas que nos mantienen atados al pasado.









Gabriel, ¿cuándo tendremos aquí un Obama y/o un Partido Demócrata capaz de regenerar la izquierda en la línea que sugieres (y que yo comparto)? El panorama "a casa nostra" y en España en general es simplemente desolador.
Publicado por: Jaume | 03/11/08 en 15:04
Eso es precisamente lo que me lleva a mal traer. La herencia de la historia de la izquierda en Europa y en España es una carga que no podemos soportar más. Que en pleno reto del siglo XXI tengamos que tratar con la memoria histórica, Garzón y los muertos de las cunetas, es como para echarse a llorar. Hay que ver con qué fruición los vengadores de todo tipo luchan por mantenernos aherrojados al pasado. El vengatismo contra la reina, también. Caramba, los monarcas son de derechas y punto. La gracia es que Juan Carlos fuera reticente a hurtar la firma en las leyes del matrimonio gay y del estatuto de Cataluña; eso es lo que cuenta. Pero anda suelto un personal por ahí al cual yo mandaría un par de meses al túnel del tiempo para que viviera no en la España de los 40 sino en la de los 69-73. Aunque quizás no; la pandilla opinadora del diario Público, ex FRAP, ex movimiento comunista, estuvieron ahí y aún parecen estar.
Me siento cada vez más demócrata revolucionario, de la gran revolución aún no superada en lugar ni tiempo alguno que es la Revolución Americana de 1776. Por favor, que alguien recupere la herencia de John Adams, vicepresidente de Washington y primer presidente iluminador del Nuevo Tiempo.
La Revolución Americana era una propuesta de una República de Leyes y no de hombres, una comunidad que elegía su futuro remitiéndose a su fe en las personas y no al miedo a lo desconocido. Esa república fue prostituída por la aniquilación de los primeros americanos --naciones indias-- y la esclavitud, pero fue capaz, al mismo tiempo, de acoger a los desheredados de la Tierra en un proyecto de vida aún no igualado.
Me siento, Jaume, como un militante solitario de un mundo formado por gente como John Adams, Pete Seeger, los Industrial Workers of the World, The Weavers, Martin L. King, Russell Means, el Democratic Party, los potentes sindicatos de periodistas, cineastas y profesionales audiovisuales de la AFL-CIO, los activistas negros y chicanos, los líderes vecinales judíos de las grandes ciudades, y sobre todo, los miles de ciudadanos de clases trabajadoras y medias que creen, a pesar de los pesares, en una democracia americana inspirada en los valores republicanos. Nuestra cruz es una fatal arrogancia, nutrida tanto por el inmovilismo europeo como por la inanidad de la izquierda de nuestro continente. Tal arrogancia no hace más que incrementarse, y la muestra fehaciente es el estado de la política democrática en la Catalunya de hoy.
Por eso soy demócrata revolucionario. Mi guía no es la URSS ("la fiamma de la rivoluzione sovietica s'é spinta" (Enrico Berlinguer) sino la imagen de Bruce Springsteen junto al senador Obama en medio del escenario. A su lado, Imagine y el titubeante John Lennon parecen pálidas sombras de nuestra propia impotencia.
Publicado por: Gabriel Jaraba | 03/11/08 en 17:04