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23/04/08

Júlia Costa firma su libro por Sant Jordi

Gse_multipart7285 Nuestra amiga Júlia Costa firma hoy, de 18 a 19 horas, ejemplares de su libro La descomposició de la llum (premio de novela  Olga Xirinachs 2006), en el Paralelo, en la placeta del Molino. 

De este modo, la autora se dará el gusto de atender a sus lectores sin moverse de su barrio; que le quiten lo bailao.

13/12/07

Un argumento más a favor de escribir para jóvenes y niños

Leído hoy ene a crónica de Eva Piquer en el suplemento de cultura del diario Avui, sobre las diferencias entre el lector joven y el adulto:

Lolita Bosch: En la literatura para adultos, los textos son de los autores; en la infantil, de los lectores.  Si viniese García Márquez a decirme que no he entendido Cien años de soledad, probablemente le creeria.  Si a un niño se le apareciese Walt Disney para decirle que no ha entendido la fantasía, el niño le miraría como si estuviera loco. Y tendría razón: lo estaría.

08/11/07

Contra las academias de la lengua

Los medios de comunicación convencionales están cumpliendo a la perfección, en el caso de los blogs, el proceso tradicional con el que se enfrentan a un hecho social nuevo:

1. Ignorarlo.

2. Despreciarlo y ridiculizarlo.

3. Criticarlo.

4. Apropiárselo deformándolo y tergiversándolo.

El consejero delegado de El País, Juan Luis Cebrián, ha alcanzado ya la cuarta etapa en su última intervención en la Real Academia, que parece versar sobre los blogs.

Por mi parte, aprovecho para declarar una vez más mi oposición radical a las academias de la lengua, sean de la española (RAE) o catalana (IEC).

El lema de la primera, "Limpia, fija y da esplendor" me parece especialmente aberrante, y no logro comprender cómo personas mínimamente comprometidas con la lengua como herramienta de escritura, vehículo de comunicación y espacio social pueden considerarlo positivo.

LIMPIA. ¿Dónde está la suciedad? ¿Pueden ensuciarse las lenguas, como si fueran objetos tangibles? Las imputaciones de suciedad a entes no materiales denotan posiciones ideológicas previas. ¿Cuándo y cómo se "ensucia" una lengua? ¿Con la incorporación de barbarismos? ¿Con las modificaciones y cambios propios de la evolución de los idiomas como entes vivos? La pretensión de limpieza de una lengua, ¿es un asunto lingüístico o nacionalista, de quien considera que la limpieza de la lengua es la limpieza de la nación? ¿A dónde nos lleva ese concepto de "limpieza" en los tiempos que corren y, sobre todo, después de 1945?

FIJA. ¿Qué significa "fijar" un idioma, que por su propia naturaleza está sujeto a transformación y cambio? ¿Cuál es el riesgo de la "fijación" de un idioma en tiempos de intensos cambios e innovaciones sociotécnicas? ¿Qué diferencia, en términos de adaptación, eficacia y comodidad, existe entre una lengua "fijada", como el español, y una lengua sin academia ni "fijación", como el inglés?

DA ESPLENDOR. ¡Qué pretensiones! El esplendor de la lengua viene dado por la belleza inherente a todo idioma, en tanto que expresión de la riqueza del espíritu humano, por derecho de existencia y nacimiento, y a él es ajena el trabajo de los especialistas, que si han de ser científicos deben estar, por tanto, adornados con las virtudes académicas de la modestia y la discreción.

Por lo que respecta al Institut d'Estudis Catalans, esas dos virtudes les han ahorrado el anacrónico lema. Pero la nueva edición de su diccionario de la lengua catalana incorpora tantas coces en las definiciones como expresiones propias de tuercebotas  el de la RAE al crear neologismos.

Por cierto, las apostillas de Danial Martí Pellón sobre el discurso de Cebrián no tienen desperdicio.


ACTUALIZACIÓN 1: José Luís Orihuela dice lo que todos pensamos sobre la pataleta de Cebrián y reúne más comentarios jugosos:

A estas alturas del partido, seguir asimilando los blogs a diarios personales autobiográficos de exhibicionistas ya no es una cuestión de ignorancia, sino simple y llanamente un deliberado intento de distorsionar la realidad.

ACTUALIZACIÓN 2: Recojo la aportación de Jaume de Marcos y reformulo el proceso de tratamiento de un hecho social nuevo por los medios tradicionales:

1. Ignorarlo.

2. Despreciarlo y ridiculizarlo.

3. Criticarlo o incluso criminalizarlo.

4. Apropiárselo deformándolo y tergiversándolo.

5. Divulgarlo una vez desvirtuado y reducido, presentándolo como la última novedad, cuando hace años que la gente lo conoce y lo vive con normalidad.

29/08/07

In memoriam

La poesía es una poesía que no engaña porque sólo se pretende poesía. La filosofía es una poesía que engaña porque se pretende otra cosa. La poesía explica más porque no explica nada. La filosofía no explica nada porque explica demasiado.

Francisco Umbral (1932-2007)

ACTUALIZACIÓN: He escrito algo sobre Umbral y el periodismo de hoy en Sociedad Red: Adiós a Umbral, las columnas y el malditismo.

18/01/07

Júlia Costa, premio de novela Olga Xirinachs

Nuestra amiga Júlia Costa ha ganado el primer premio de novela Olga Xirinachs y está recibiendo muchas felicitaciones en su blog. Hace bien: "El que no acepta un honor es porque quiere dos".

Por cierto, la escritora Olga Xirinachs tampoco tiene mucho predicamento en la cultura maniacodepresiva, porque también es optimista y no dice las vulgaridades que profiere  el resto de listos.

08/01/07

Me pongo a escribir unos librillos

He pasado unas vacaciones de Navidad tranquilas y gratificantes, dedicándome a la familia, el paseo y la lectura. He hecho caso de mi amiga Núria Leonelli, que un día, como quien no quiere la cosa, me dijo: "Y tú que eres escritor, ¿porqué no escribes un libro sobre algo que te guste?" Núria probablemente ignora que los periodistas somos un extraño tipo de escritores que nos podemos pasar la vida escribiendo sin parar, viviendo de ello, y dedicarnos exclusivamente a las tareas cotidianas informativas sin otras incursiones. Quim Monzó  considera, con razón, que llamar a alguien "periodista y escritor" es una tautología ya que un periodista no hace sino escribir. Parece, sin embargo, que "escritor" signifique únicamente "escritor de libros", aunque hay libros que no llegan a la suela del zapato de un solo artículo de Josep Pernau, Joan de Sagarra o de aquellos memorables billetes de diez líneas que Robert Escarpit escribía en Le Monde  con el título de Au jour le jour.

Pero mi amiga tiene razón, de modo que me puse a desempolvar ideas y proyectos, y en el interín, los temas han aparecido solos.  Estos días he comenzado a escribir un libro sobre blogs, ya que es una de las cuestiones que más me apasiona actualmente, y me he dado cuenta de que hay solamente dos libros originales en español (cuyas portadas se ven en este blog) y la traducción del primer libro de Rebecca Blood.  Como cada vez me piden más conferencias, cursos y talleres de blogs, podrá ser un buen manual de iniciación y referencia.

Otra buena amiga me ha impulsado también hacia la tarea, esta vez colaborando en la preparación y edición de un original suyo: un libro de yoga que es un método integral, práctico y de enorme provecho, que resume lo mejor de su trabajo como profesora de yoga profesional durante unos treinta años.  Presenté a Carmen Palomo  como autora a la editorial Libros de la Liebre de Marzo, donde tengo buenos amigos que, sorprendentemente, me hacen caso, y también estos días estoy dando forma a lo que puede ser el volumen.

Escritura y amistad, cultura y comunicación, blogs y yoga: ¿qué más puedo pedir a la vida? ¡Gracias, Núria y Carmen!

01/09/06

Una visión lúcida de la literatura

Hay días en que se publica un artículo que le alegra la vida a uno. Hoy lo hace Albert Sánchez Piñol en El País con uno que se titula Las aventuras del género, que describe exactamente lo que yo pienso sobre la literatura y los escritores. Gracias por ahorrarme el trabajo de escribirlo yo.

Ocupa la literatura de aventuras el triste vagón de los segundones. Por una parte existe la literatura a secas, con toda su grandeza, y por otra el rincón de los géneros. Hasta nos olvidamos de que en sus inicios la narrativa no fue otra cosa. El primer relato escrito que conservamos, la epopeya de Gilgamesh, es una concatenación de aventuras con elementos realistas y fantásticos a partes iguales. Homero perfecciona la estructura del relato, pero no altera los contenidos. Ni qué decir tiene que el Mío Cid y el Tirant lo Blanch siguen patrones muy parecidos. De hecho, cuando llegamos al siglo XVI lo raro son las obras que no sean de "capa y espada".

Los amantes de la literatura generan tanto ruido que al final sus debates tienden a olvidar lo importante. ¿Cuál es la finalidad de un buen libro? Contarnos la verdad. Una verdad que puede ser sintetizada en una frase. Cervantes: en la sinrazón está la razón. Kafka, aún más inquietante: cualquier día puedes despertar convertido en un escarabajo. Y para transmitirnos esa verdad el autor quizá necesite cien o quinientas páginas, del mismo modo que necesitamos un día entero para conseguir un sueño de segundos. Por lo demás, para ese objetivo todo está permitido. Tradicionalmente se buscaba una determinada combinación entre la lírica y la épica. Y dejémonos de puñetas: épica es lo que ocurre por fuera y lírica lo que ocurre por dentro. Por eso la guerra tiende a ser épica y el amor lírico, aunque un buen narrador siempre será capaz de invertir el principio. ¿O es que puede imaginarse un relato más lírico que Tempestades de acero, donde toda una conflagración mundial no es más que una excusa puesta a disposición del protagonista para que transforme su espíritu? Porque ése es el segundo gran valor de los libros: que en esa tierra de todos llamada "literatura" hasta un protofascista como Jünger puede ser amado.

En éstas llegaron los franceses, que tienen la culpa de casi todo lo infame, desde el arte abstracto hasta los cabezazos en el fútbol. Creo que no se ha ponderado hasta qué punto la Revolución Francesa fue dañina para la literatura. En su asalto al poder los revolucionarios desalojaron a las fuerzas reaccionarias, entre ellas la Iglesia. El vacío que dejó el catolicismo tenía que ser rellenado con algo, y la opción francesa consistió en sustituir a Dios por el arte y a los sacerdotes por los escritores. Bueno, cuando los novelistas se convierten en curas se les exige que hablen de cosas graves y elevadas. A partir de entonces la literatura se supone demasiado seria para ocuparse de lo "popular". ¡Se acabaron las páginas de tortazos! Ahora pasa a ser trascendente, reverencial... y aburridísima. Y si hasta ese momento el axioma narrativo era "a alguien le ocurre algo", con este nuevo ingrediente religioso el principio rector ya es "la literatura puede cambiar su vida". El problema de esta concepción es que a mí aún me han de enseñar una novela que haya cambiado nada. Podríamos exceptuar Mein Kampf, de Adolf Hitler, pero A): el autor jamás reconocería que su obra es la máxima representante de la literatura surrealista. B): para los cambios que introdujo en el mundo, más valdría que hubiera seguido con las acuarelas.

Pero volvamos a los avatares del género, tan íntimamente relacionados con la visión social del escritor. Como hemos visto, desde el siglo XIX la frontera entre el novelista y el intelectual se esfuma. Sus novelas casi podría decirse que no son lo principal, sino más bien un apoyo a sus opiniones. ¿Hay algo más parecido a los sermones que las columnas de los periódicos? Como su propio nombre indica, los dominicales no son otra cosa que una selección de los mejores predicadores. Es un poco ridículo. Los políticos opinan de política y los economistas de economía. Sin embargo, un novelista es alguien a quien, por arte de birlibirloque, se le supone capacitado para pontificar sobre la crisis de Oriente Medio o el auge de la zapatería china. Parece lógico y natural que mentes tan poderosas no se arriesguen a caer en la vulgaridad del género. Lo que cuesta entender es que encima nos quejemos de falta de lectores.

Mientras tanto, un representante de las élites culturales catalanas ha llegado a publicar que en literatura lo importante "es la frase brillante, jamás el argumento". (Eso, eso. Después de tres mil años de historia literaria concluimos que un buen relato es la suma de muchas frases bonitas). Otros, en pleno siglo XXI, siguen esperando "la gran novela sobre Barcelona" (olvidando, por cierto, que ya la escribió Sergi Pàmies), y por último consta de un crítico-escritor que llegó a afirmar que "si algún lector entiende alguna de mis páginas, es que está mal escrita". Y se quedó tan campante. Yo estoy con Vázquez Montalbán: "No hay libros de género; sólo los hay buenos y malos". Ya lo decía el filósofo: "Esto de las razas no es cosa de hombres, sino de perros y caballos". Parafraseándolo, se deduce que esto de los géneros no es cosa de libros, sino de mercerías y ultramarinos.

20/07/06

Decálogo apócrifo del escritor de éxito, por Javier Cercas

Foto_javier20cercas0 O sea, que no es tan apócrifo. Publicado hoy en La Vanguardia. Me lo voy a aprender de memoria, porque sabiendo esto ya no hace falta nada más para ir por la vida.

1. Recuerda que la única forma posible de éxito consiste en escribir el mejor libro que puedes escribir, ese libro que antes de terminar de escribir ni siquiera imaginabas que podías llegar a escribir. No busques ninguna otra forma de éxito: que sea ella la que te busque a ti. Si te pilla, no tengas miedo y haz como si no pasara nada.

2. No escribas para tu madre. Ni para tu padre. Ni para tu novia. No escribas para tus amigos. No escribas para tus enemigos (sobre todo, no los odies: el odio, lo dijo Michael Corleone, no te permite juzgarlos). Ni se te ocurra escribir para los críticos. Ni para los editores ni para los agentes ni por supuesto para esa abstracción llamada lector, que, como su propio nombre indica, no existe. Ni siquiera escribas para ti mismo. Escribe para un Dios impecablemente omnisciente, que sabe incluso cuándo estás tratando de engañarlo. Y entonces se ríe con una carcajada horripilante.

3. No olvides que escribir una frase consiste en resolver un problema que la siguiente frase vuelve a plantear. Ni que escribir un libro consiste en l mismo. Desconfía de la facilidad. No intentes ser inteligente ni sabio ni profundo ni gracioso ni divertido (por Dios santo, no intentes sergracioso ni divertido): que lo sea el libro.  Que el libro sea mucho mejor que tú, que no eres más que un pobre hombre, como todo el mundo. Dedícate a otra cosa en cuando notes que escribes tratando de quedar bien.  No olvides que escribir consiste en reescribir; es decir: en averiguar qué es lo que estaba dentro de ti sin que tú lo supieras.

4. Huye como de la peste de las frases bonitas, de las palabras bonitas, de quienes escriben en mayúscula la palabra arte, la palabra artista, la palabra obra, la palabra belleza, sobre todo la palabra belleza. Huye de todo lo que suene remotamente a literatura; la literatura es lo que nunca, ni siquiera remotamente, suena a literatura: suena sólo a verdad.

5. Resérvate el miedo que tenga (y ya sé que tienes un miedo espantoso) para la vida, y destiérralo como sea en cuanto te sientes a escribir, para que aparezca entero y verdadero en tus libros, que son lo que de verdad eres. Recuerda que este oficio no es para cobardes, pero recuerda también que el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que tiene miedo y se aguanta y luego embiste y va a por todas.

6. Escribe como si estuvieras muerto y recordaras o inventaras (da lo mismo) cuanto te ocurrió a ti o a otros, igual que si quisieras materializar un espejismo, igual que si contra toda evidencia te hubieras convencido de que, en el momento en que consigas materializarlo, lo que te ocurrió a ti o a otros se volverá más real que lo real, que a fin de cuentas no es nada. recuerda, por cierto, que no hay nada más importante que la literatura, excepto la vida.

7. Cultiva tus obsesiones tus vicios, tu locura y, con moderación, tu cordira; cultiva tus perplejidades, tus pasiones (las altas y las bajas, sobre todo las bajas). tu gusto intransferible (el bueno y el malo, sobre todo el malo), y no olvides reírte con alegre fiereza de ti mismo. Recuerda que tus defectos son también tus virtudes. Ni harto de vino rechaces un elogio, porque --esto no lo dijo Michael Corleone sino La Rochefoucauld, pero para el caso es lo mismo-- quien rechaza un elogio es porque quiere dos. Y, sobre todo, sobre todo, por nada del mundo te resignes a sentir envidia de un colega o a hablar mal de él: es una confesión de inferioridad.

8. Léelo todo, relee sólo lo más íntimo (pero relee mucho), escribe lo que te salga de las entrañas --por decirlo con una palabra distinguida--, y publica sólo lo que no puedas no publicar. A menos que hayas decidido suicidarte o te hayas perdido por completo el respeto a ti mismo o los acreedores te amenacen con la cárcel o el potro de tortura, no tengas prisa por publicar.

9. Si escribes con ordenador, hazme caso y presiona de vez en cuando el icono Guardar, y no escatimes en copias de seguridad: más que nada para ahorrarte hacer el mamarracho ante ti mismo con la imaginación masoquista y vilmente halagadora de que acabas de perder para siempre la frase o el párrafo o la página que se iba a justificar; si escribes a mano, tienes una posibilidad menos de hacer el mamarracho, así que es preferible que escribas a mano. Este mandamiento es el último, pero debería ser el primero) no hacer caso jamás de ningún decálogo. Empezando por éste y acabando por el que tú mismo establezcas el día en que un periódico decida que eres un escritor de éxito y te entrevista para que improvises un decálogo del escritor de éxito.

Bru Rovira explica porqué el periodismo se fue al carajo.  En Sociedad Red.

mayo 2008

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