La izquierda más burra del mundo
Un lector de Le Monde escribe una carta al director sobre el resultado del referéndum francés, que el diario publica con el título que encabeza este post. El corresponsal, Christian Billmann, parece que me haya leído el pensamiento; por eso la reproduzco íntegra a continuación (traducida del francés):
Bueno, pues ya está. Gracias a una coalición heteróclita, el no se ha impuesto. Felicitemos deportivamente a los vencedores, quienes, para lograrlo, han debido reunir la alianza más contra natura que se pueda imaginar, mezclando alegremente las ideas más conservadoras y xenófobas con los sueños más utópicos. Francia rechaza, pues, un tratado que ella misma había suscitado y en el que había conseguido imponer unos principios de una Europa distinta a una meramente comercial. ¡Magnífica victoria! Propongo que vayamos todos a celebrarla con Tony Blair, George W. Bush, Frits Bolkestein, Jean-Marie Le Pen y Alain Madelin.
Gracias a mis ex amigos de izquierdas por haber dado finalmente carta de ciudadanía a las ideas proteccionistas, poujadistas, nacionalistas y xenófobas. Teneis razón, y además, sin complejos: caña al malvado lampista polaco, todos con el gentil viticultor francés. Eso fue lo poco que se pudo deducir de los argumentos que circulaban igualmente de boca en boca entre José Bové y Phillippe de Villiers, Jean-Luc Mélenchon y Christine Boutin.
Gracias a los herederos de Jaurés por haber dado al mundo esta imagen de un humanismo francés fraternal y generoso, en el cual, engullendo una cuarta parte del presupuesto agrícola europeo, se niega a los europeos del este el derecho de alcanzar nuestro nivel de bienestar. Para evitar mejor toda deriva ultraliberal, inpogámosles sin dilación el dirigismo estatalista del que acaban de salir: con Mare-George Buffet, retorzamos el cuello a toda economía de mercado; con Olivier Besancenot, defendamos con uñas y dientes un servicio público sin competencia, en el cual las colas ante las taquillas puedan alargarse mientras el funcionario se toma su tiempo para charlar un poco o tomarse un café. Y mientras discutimos tan brillantemente el sexo de Europa, contemplemos como esos millones de cretinos americanos, esos miles de millones de imbéciles chinos e indios se llevan nuestros mercados, mejoran su nivel de vida y bajan el nuestro. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Por lo que a mí respecta, queridos amigos de izquierdas, después de esta lección magistral de inteligencia francesa administrada a nuestros compañeros sindicalistas y socialistas europeos manifiestamente menos imaginativos que nosotros, os doy mis más expresivas gracias. Me habeis desacomplejado del todo. Estaría bonito que después de haber votado con Le Pen y Villiers tuviérais la jeta de reprocharme, cuando llegue la ocasión, dentro de dos años, cuando llegue el turno de verdad a Francia, si doy mi voto a Bayrou, o incluso a Sarkozy, antes que al oportunista Fabius o al viejo Jospin. Por lo menos tendré la certeza de que continuará la construcción de Europa.
Perdón por considerar que esta es para mí la mayor de las prioridades. Perdón por sentirme más europeo que francés. Perdón por preferir tener en el bolsillo 15 euros que 100 francos. Yo no quiero que, dentro de 25 años, mis nietos no tengan otra opción que trabajar para un grupo americano o chino. Y habrá que aguantarse si, en los próximos 50 años, Eur.opa va a ser más liberal que lo que yo hubiera deseado. Habreis sido vosotros quienes lo han querido. Vosotros, la izquierda más burra del mundo.







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