Yo y el síndrome de Doña Atareada
He estado desconectado de la red prácticamente desde que volví de vacaciones. Me he perdido un montón de blogs, con sus posts y su canesú, y no he marchado al ritmo de los cientos de novedades interneteras diarias. Quizás haya podido ser una cura de desintoxicación digital, pero también parte del síndrome de Doña Atareada que de vez en cuando me pilla. No soy un workaholic ni alguien que se diluya en la actividad, pero este inicio de curso está siendo intenso, y a lo mejor tengo un relé de seguridad interno que me hace desconectar selectivamente de una u otra actividad antes de que se me fundan los plomos del coco, cual Makoki aprés la lettre.
De modo que pido disculpas a mis lectores a quienes tanto debo, y reemprendo las tareas blogueras propias de mi sexo y condición. Lo que pasa es que, como digo a menudo, me hice periodista para no enloquecer con el montón de cosas que me interesan en esta vida, y espero que en la otra. Cuando era un joven en busca de vocación sufría como un becerro pensando que no había ninguna materia que mereciera mi dedicación exclusiva. Pero cuando descubrí que uno podía vivir y comer del oficio de interesarse por todo, me hice periodista. Como se sabe, un periodista es alguien que está en posesión de una vasta incultura, de modo que este servidor suyo que lo es se ha convertido en un no especialista de tomo y lomo, lo que tiene sus más y también sus menos. Los más es que, en este cambio cultural que estamos viviendo, la no especialización se ha convertido en una ventaja más que en un inconveniente, para poder abordar lo inabordable, que es la complejidad de un tiempo y una sociedad que no son lo que se esperaba de ellos. Los menos es que, en momentos como estos dos últimos meses, uno debe aplicarse lo suyo para continuar tejiendo con todos los hilos que hacen falta para actuar en medio de ese tapiz extraño que llamamos realidad.
En la tele hay un curro tremendo: me paso el día amorrao a la pantalla, batallando con un sistema informático que debe gestionar las comunicaciones de los espectadores, para mantenerlos informados y atendidos de lo que hace la televisión pública. Hay que mentalizarse y aprender sobre una nueva cultura de la atención al cliente que cada vez nos exige más y que, cuando está ausente, pasa lo que está pasando estos días con las infraestructuras en Cataluña. Mis compañeros me han introducido en nuevas tareas de gestión corporativa del conocimiento, y estamos preparando un programa de actividades en ese sentido, vinculadas al 25 aniversario de TV3. A finales de noviembre inicio de nuevo la docencia en la ESCAC con mi asignatura de Iniciación a la Comunicación y la Actualidad, esta vez espoleado por el tremendo éxito de mi ex alumno Juan Antonio Bayona y su peli El orfanato, que representará a España en los Oscars. Me convocan, además, como profesor invitado del Master en Comunicación Audiovisual Interactiva. Continúo mi formación de postgrado en el programa de Doctorado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación, esperando concluir este año los cursos, e iniciar un proyecto de investigación. Deberé ayudar a montar la web del grupo de investigación en televisión de la profesora Charo Lacalle, en la UAB, y me abriré a nuevas perspectivas en la comunicación cursando el master en Programación Neurolingüística que imparte Irco; cada vez me interesa más la comunicación pragmática y personal, así como la empresarial. En otros campos, he iniciado la formación como monitor de Chi Kung y retomo el desarrollo de un proyecto personal de docencia de yoga, colaborando además con mi amiga Carmen Palomo, estupenda profesora profesional de esta disciplina, y revisando y potenciando mi formación como maestro de Reiki con mi amiga Lidia Salas.
O sea qué pa qué. Pero me he dado cuenta de que no hay nada mejor para dejar que se disuelva el síndrome de Doña Atareada que tomarse las cosas con muchas risas y humor, estando mucho en la naturaleza y tomando el sol, y disfrutando de esa cosa tan rara que es la vida: una rara oportunidad de aprender y gozar en este mundo, difícil de conseguir y fácil de desaprovechar. El sabio Gilbert Keith Chesterton lo dijo muy claro: "Los ángeles son capaces de volar porque saben tomarse a si mismos muy a la ligera". Por eso doña Atareada se va ahora a la cocina a preparar un magnífico risotto con setas y espárragos. Y vuelvo a postear.











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