Conferencia sobre Manuel Tarín Iglesias en la biblioteca del Poble-sec (y una reflexión sobre la memoria histórica)
Júlia Costa, amiga y visitante asídua de este blog, ha organizado una conferencia sobre el fallecido periodista Manuel Tarín Iglesias, natural de nuestro barrio, en la biblioteca del Poble-sec, calle de Blai, 34, a las 19.30 h del martes 26 de febrero. Será pronunciada por el periodista y escritor Agustí Pons, que ha estudiado la figura de Tarín, a cuyas órdenes fue redactor en El Noticiero Universal.
La organización de la conferencia ha suscitado, al parecer, cierta polémica en torno a la conveniencia de hablar públicamente sobre la figura de, digámoslo con frialdad, un quintacolumnista de Franco en la Barcelona republicana. Pero lo que tiene la reivindicación de la memoria histórica es que esta no se puede tomar a la carta. Es lo mismo que pasa con la independencia de Kosovo; cuando me encuentro estos días con un entusiasta de esos que brindan por ella y la desean para Catalunya, les digo que la historia no viene servida a la carta y en cómodos plazos. Si se desea la consecuencia --independencia-- hay que asumir el paquete entero: limpieza étnica, guerra de exterminio, división feroz entre comunidades, etnicismo como concepción de la nación. Esos señores con corbata, tan modositos, que proclaman la independencia de su país, son exactamente los mismos que, al frente del UCK, la guerrilla kosovar, quemaron, mataron, violaron y exterminaron, igual que sus enemigos hicieron lo propio con los suyos. Esas barbaries simétricas no me dan ganas de brindar ni de celebrar, sino de maldecir la guerra, a quienes la provocan y a quienes se benefician de ella, aunque sea cobrando el quizás legítimo pago de la independencia. Malditas sean las guerras y malditos quienen las organizan, quienes las propugnan y quienes las celebran.
Así pues, arrojar luz sobre la figura de Manuel Tarín Iglesias me parece justo. Incluída su figura de militante político, que no ensombrece su calidad periodística ni humana. Manuel Tarín era un buen hombre y de ello dan fe quienes le trataron, como Pons. Yo no tuve la oportunidad, pero sí tuve como director a su hermano, José Tarín Iglesias, en el Diario de Barcelona. Una bellísima persona, miembro de una generación de gente de orden a la cual la represión de las chekas en la retaguardia republicana convirtió en fascistas. Quizás Manuel era más fascistizante que José; escribió una semblanza de Pierre Laval que vista hoy parece inquietante, mientras que el que fue mi director --compaginaba la dirección del diario de Mateu con la secretaría del alcalde Porcioles-- era un católico conservador, quizás poujadista . Los jóvenes periodistas de entonces, militantes y dogmáticos, no apreciábamos los matices que hoy saltan a la vista. Uno que muchos todavía no quieren ver: la destrucción de edificios religiosos y el asesinato de sacerdotes y personas de vida consagrada no fue un simple exceso sino una campaña deliberada, concebida y dirigida por el grupo más radical del anarquismo faísta. Su objeto era aprovechar el anticlericalismo tradicionalmente subyacente al movimiento obrero y el radicalismo republicano para llevar a cabo una revolución cultural, en el sentido maoísta del término, y por cierto fúnebremente polpotiano avant la lettre.
No; la quema de conventos y el asesinato de sacerdotes no fue una justa contraparte de los bombardeos fascistas sobre Barcelona. Observando la Camboya de Pol Pot podemos ver con claridad de lo que se trataba: erradicar del imaginario popular el menor resto de cristianismo, de religión, de sentido de la compasión basada en una concepción trascendente de la vida. Lo mismo intentó la represión nazi en Alemania, y de ello da fe el testimonio de la pasión y muerte del teólogo y pastor luterano Dietrich Bonhoeffer, miembro de la resistencia antinazi y organizador del atentado contra Hitler. Las cárceles republicanas de la Barcelona de la guerra fueron un laboratorio experimental de tortura que nada tiene que envidiar a sus homólogas simétricas. La memoria histórica hay que comérsela entera por mal sabor que tenga; no se distribuye en porciones al gusto.
Javier Cercas se expresó con argumentos parecidos hace unos meses en una entrevista en Il Corriere de la Sera:
«Certo. La Chiesa avallò il colpo di Stato. Peggio: trasformò un golpe originariamente fascista in una crociata. Quello di Franco era stato un colpo di Stato contro un governo democratico e legittimo. Fu un errore, senz' altro, da parte delle gerarchie ecclesiastiche, appoggiarlo. Ma questo non giustifica né rende più accettabili le atrocità commesse contro migliaia di frati e suore inermi. La verità è che nel campo repubblicano non c' era il controllo della situazione e quei massacri, compiuti perlopiù dagli anarchici, danneggiarono enormemente proprio la sinistra e i vertici repubblicani, che non li avevano ordinati e mai li avrebbero voluti». C' era più umanità sul fronte opposto? «Chiaro che no. Come in tutte le guerre, si commettono crimini spaventosi da una parte e dall' altra. Con qualche differenza: il terrore franchista era organizzato dallo Stato, con esecuzioni programmate. Mentre il terrore repubblicano andava contro la volontà dello Stato Repubblicano che non chiedeva né incoraggiava l' assassinio di religiosi. Per quanto nefasta fosse stata la scelta di campo della Chiesa, i suoi sacerdoti non rappresentavano un pericolo per la Repubblica. Ne furono uccisi settemila, ne sono stati beatificati già a centinaia. Perché proprio per questi 498 si scatena la rissa?».
En la lengua de madera que se usa para la política y la historia partidizada, Manuel Tarín Iglesias fue un "colaboracionista". Ciertamente, el giro de la fortuna a su favor hizo que pudiera ocupar cargos directivos en medios gracias a hallarse entre los vencedores. Pero, con él al frente, El Noticiero Universal fue un buen periódico, y Radio Barcelona, una gran emisora. Es justo que el Poble-sec recupere la figura de dos de sus hijos y que celebre que el hijo de Manuel, Santiago Tarín, sea uno de los mejores periodistas de entre los que pueblan las redacciones de hoy.
Por cierto, y quizás por serendipia, El País publica hoy un artículo de Enric González titulado El halcón y la oveja, sobre la tragedia balcánica, que dice:
La historia es cruel. No conviene enamorarse de ella. Los nacionalismos, sus principales devotos, deberían saberlo a estas alturas. Cuando la historia te envuelve en uno de sus bucles estás perdido: si eres víctima, serás verdugo; si eres verdugo, serás víctima. La gracia consiste en que sólo se puede ser eso. O víctima, o verdugo.
Enric González es "nieto" del Poble-sec: es hijo del grandísimo Francisco González Ledesma, abogado y periodista, autor de libros como Crónica sentimental en rojo y Las calles de nuestros padres, y también admirado por quienes le hemos leído bajo la firma de Silver Kane.








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