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12/06/08

La directiva europea sobre la jornada laboral y el acoso y derribo del estado del bienestar

Si sólo hace unos años me llegan a decir que nos veríamos obligados a luchar por las ocho horas de jornada laboral diaria, me tiro por el balcón. ¡Ay, las jospinianas 35 horas semanales y juventud divino tesoro, que os vais para no volver! El Primero de Mayo, fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial, conmemora, precisamente, la ejecución de unos militantes anarquistas que lucharon por la consigna de ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas de recreo y formación. Era... en 1868.

José Luís López Bulla
--mi tío putativo y convecino mío en la nunca bien ponderada villa de Parapanda-- alude irónicamente a la actitud de la izquierda realmente existente al respecto, en unos estupendos posts sobre el dichoso proyecto de directiva europea:

Porque todas las izquierdas han considerado que los `asuntos sociales´ eran cosa exclusiva de los sindicatos. Ellas, las izquierdas, se habían autoasignado la ocupación del Estado y decidieron que el sindicalismo debía preocuparse sólo y solamente del frigorífico. Digamos que es la línea que enlaza Lasalle, Lenin y los dirigentes políticos de ayer y hoy. Ellas, las izquierdas, pensaron y practicaron que los sindicatos formaban parte de la familia de los dioses menores. Así las cosas, provocaron una separación drástica entre los gobernantes y los gobernados que, en buena medida, explica –al menos parcialmente— la crisis de identidad de las izquierdas europeas y a todas aquellas que han contaminado. De manera que, una hipótesis de salida de dicha crisis, es que la izquierda política resitúe en su discurso partidario eso que, impropiamente, se llama la `cuestión social´, entendida como zona franca del quehacer democrático. Ahora, por así decirlo, la ocasión la pintan calva: la Directiva
de las 65 horas podría ser un aproximado inicio de un (gradual) cambio de metabolismo, como mínimo, en la piel de las izquierdas políticas.

Pero, añado yo, el spleen cenizo que afecta a la cultura de izquierdas es un inhibidor del entusiasmo necesario para convertir las ideas en acciones. Por eso me interesa reflexionar sobre esa cultura tristona que se pretende crítica cuando sólo es maníaco-depresiva.

Las izquierdas y los ciudadanos en general no se enfrentan solamente a un cuestionamiento del estado del bienestar, sino a un calculado proceso de desarticulación del mismo. Hace un par de años, John Berger lo explicó con una clarividencia escalofriante:

La retórica de los dirigentes políticos de hoy no está al servicio de la construcción ni de la conservación. Su objetivo es desmantelar. Desmantelar la herencia social, económica y ética del pasado y, especialmente,todos los mecanismos, asociaciones y normas que expresan solidaridad.

El Fin de la Historia, que es el lema empresarial de la globalización, no es una profecía sino una orden de borrar el pasado y su herencia en todas partes. El mercado necesita que cada consumidor y cada empleado esté abrumadoramente solo en el presente. Ningún electorado está preparado todavía para aceptar ese desmantelamiento. Y por un motivo muy sencillo. El acto de votar, sea en una elección libre o manipulada, es una forma de aunar recuerdos en apoyo de una propuesta de programa para el futuro. Nos encontramos aquí con la profunda contradicción entre la tiranía del mercado mundial y la democracia, entre la llamada libertad de consumo y los derechos del ciudadano.

Por consiguiente, el proceso de desmantelamiento tiene que llevarse a cabo de forma disimulada y oculta. Y ésa es la primera tarea política del líder político actual. Por supuesto, también se está desmantelando su propio papel. Pero ellos ya han decidido ejercer, disfrutar y explotar sus poderes, aunque sean disminuidos, en vez de hacer frente a ninguna verdad universal. Eso es lo que explica su pragmatismo y suasombrosa falta de realismo. Eso es lo que explica que sean unos políticos con una capacidad de disimulo sin precedentes. Ellos se dedican a mentir mientras los tratos se cierran en otro sitio.

Un servidor entró en Comisiones Obreras a los 17 años. Cuarentayun años después, el carnet del sindicato se me menea en el bolsillo pidiendo guerra.

11/06/08

¿Tarradellas? ¿Por qué?

El president de la Generalitat, el socialista José Montilla, con otros miembros de su partido, presidió ayer un acto en memoria de Josep Tarradellas, primer president de la Generalitat recuperada durante la transición. Las honras institucionales son siempre correctas y convenientes, pero nunca he podido comprender el entusiasmo tarradellista de los socialistas catalanes. Entiendo que haya partidarios suyos, personas que estuvieron cerca de él en el exilio y que ayudaron a su retorno. Pero lo que escapa a mi comprensión es el motivo de las proclamas tarradellistas y la reivindicación de su práctica política por parte de la socialdemocracia y la izquierda.

Tarradellas fue traído a Catalunya precisamente para poner coto a la izquierda emergente que ganó las primeras elecciones autonómicas. Aunque Tarradellas pertenecía a la tradición de ERC, su partido estaba compuesto por una sola persona: él mismo. Asumió con fruición su encargo de contener y, si era posible, enterrar a la izquierda catalana, y a fe que obtuvo importantes logros. Fue una apisonadora que obró la alquimia de derivar el ímpetu social de las reivindicaciones populares catalanas de la época hacia un nacionalismo nominalista, regionalista y tibio, y a sentar las bases para lo que después sería la hegemonía pujolista.

Cuando estaba en el exilio, Tarradellas fue kryptonita pura para una oposición catalana cada vez más unitaria, activa y emergente. Abominaba de la Assemblea de Catalunya y de cualquier movimiento unitario que no pasara, no ya por lo que él consideraba conveniente, sinó por la adhesión reverencial a su persona y sus caprichos, a menudo delirios irreales e irresponsables sobre lo que suponía que era la realidad de una Catalunya que se hallaba a años luz de la que él conoció. Su labor cotidiana no fue otra que, mediante cartas insidiosas y mezquinas, envenenar en lo posible las relaciones de los activistas catalanistas y antifranquistas entre sí. Tarradellas fue, objetivamente, y aunque parezca duro decirlo así, el mejor aliado que tuvo la dictadura franquista de cara a la desmovilización de la resistencia catalana.

Podría comprenderse la vocación tarradellista de los socialistas catalanes si respondiera a una admiración de cierto pragmatismo, cierto sentido de la política institucional y de la conservación del poder. Pero durante este tiempo, ellos han superado con creces en estas lides al maestro del que se reclaman. Tales virtudes no eran, en todo caso, más que marrullerías de un Maquiavelo en pantuflas como tantos otros de los que su generación y su partido alumbraron en la época. Eso sí, teñidas de una notable sobredosis de mezquindad.

26/05/08

El PSOE lanza su red de cibervoluntarios

Logopsoe Logorosa Por fin alguien en la izquierda comienza a entender algo de las nuevas formas de activismo social: el PSOE ha puesto en marcha una red de cibervoluntarios progresistas, mediante la creación de un universo en Netvibes.

El Partido Socialista Europeo dispone de un sistema europeo de activistas, una de las propuestas más atractivas del suprapartido de la unión. El internacionalismo era eso, no lo olvidemos.

La blogosfera progresista.

La blogosfera socialista catalana.

09/04/08

Medios y sociedad en Italia

Soy un lector asíduo de la prensa italiana, sobre todo La Repubblica e Il Corriere de la Sera. En general es una prensa de calidad, aunque cabeceras señeras como La Stampa o Il Giornale hayan quedado seriamente damnificadas al sufrir la propiedad de Berlusconi (da pena ver el lamentable estado del rotativo creado por el gran Indro Montanelli). Sin embargo, al leerla ahora en el interior del país, he tenido una sensación sorprendente: no refleja en absoluto la vida cotidiana y el quehacer de la gente del país.

Los periódicos italianos, y por extensión todos los medios de comunicación, están totalmente presos por la información institucional, y vueltos de espaldas a la realidad de la calle. Algo sorprendente e inquietante en un país que tiene una riquísima vida social; pero solamente se ven, en las escasísimas páginas dedicadas a la información local (que no aparecen en las ediciones de tirada nacional) noticietas sobre el estado del pavimento o del tráfico. La gente corriente sólo protagoniza los sucesos y, en la televisión, los programas de cotilleo o lagrimeo. Allí es impensable siquiera un programa tan tonto como España Directo, de TVE 1, donde sale la señora Jesusa enseñándonos cómo prepara las migas o el vecino don Toribio asombrándose de lo mucho que ha nevado este invierno.  Leer en los diarios secciones de sociedad en las que, como en El Periódico, se tratan profusamente los temas sociales poniendo en primera persona a sus protagonistas, es imposible.

Se lo comento a mi compañero Vicenç Lozano, que fue corresponsal de TV3 en Roma y sigue haciendo informaciones sobre Italia, y confirma mi impresión. La politiquería ha institucionalizado totalmente la información, de modo que los medios van por un sitio y la realidad social, por otro. Comentamos una entrevista con Paolo Flores d'Arcais:

Estamos inmersos en una crisis gravísima, económica, social e institucional, y los políticos son los primeros responsables. El mérito ya no cuenta, sólo cuentan las relaciones, los conocidos, el enchufe. (...) La izquierda no ha llegado al nivel obsceno de la derecha, pero no ha marcado un contraste.

El fundador de la revista Micromega cita también la tendencia de los jóvenes más inquietos a emigrar a España, cuando antes lo hacían a Estados Unidos.

Pero, metido en estas reflexiones, leo hoy a Baltasar Porcel, que advierte:

Nueva crisis italiana, lo que en España alegra mucho, pues tenemos a este vecino como el colmo del desbarajuste. Y lo es, pero con capacidad de ensayar virajes, mientras nosotros nos pasmamos en un formalismo procesionario de paso de Salzillo, con Bono de Saetero. (...) El país no es ni mejor ni peor que otros, pero reacciona como pocos. Su fascismo ya fue de más entidad que el mequetrefe falanismo español. E Italia aprovechó el final de la guerra, incluso los cristianos con De Gasperi, para apear a la monarquía y pasar a la república. (...) Mientras, gozan de un gran turuismo, sin destrozar burdamente su litoral. Todo ello al revés que en España, donde a la mucha ,urga se acomoda esa modora factual.

Cierto, pero  el desánimo que palpé es real, tanto como el lamentable estado del pavimento de la capital, que en Barcelona y Madrid escandalizaría. Y sobre todo, el riesgo del que Flores advierte: "Si Berlusconi gana, asistiremos a la putinización de Italia".   

07/04/08

Paradojas de la solidaridad

Cuanto más crece la solidaridad, más sube de precio el kilo de carne de Ingrid Betancourt en el mercado de seres humanos del que participan sus captores.

Y si los malvados o las almas cándidas proclaman que no se trata de un mercado, ¿cómo, si no, se le llama a la oferta y la demanda?

Ah, es intercambio de rehenes. Entonces, que apliquen la Convención de Ginebra, y lo demás son milongas.

30/03/08

El pesimismo social y político en Italia

Los italianos están mustios y desanimados. Ante la perspectiva de las próximas elecciones, no se ve ninguna corriente de entusiasmo, y menos de movilización. Incluso la propuesta de Walter Veltroni y su Partido  Demócrata es parsimoniosa.  Se da uno cuenta de que el circo  político de ese país, lleno de triquiñuelas y todo tipo de componendas ha  acabado por sumir al país en el desánimo.

Hay una gran lección que aprender de allí, desde España. La primera, identificar que, más allá de la peculiaridad de la política italiana en su conjunto, allí ha habido un experimento que posteriormente se ha querido trasladar a nuestro país: el ensayo y la estrategia de sembrar pesimismo, confusión, enfrentamiento y rabia por parte de la nueva derecha como medio de desanimar a la sociedad, desmovilizar sus potenciales creativos y perpetuarse en el poder.

Mientras Italia está postrada, en la prensa afín a Berlusconi se publican páginas enteras en las que se describe el reparto de ministerios previsto entre sus partidarios. El mismo Cavaliere resurge, proponiéndose como salvador de Alitalia para que no caiga en manos extranjeras (Endesa, la Caixa, eléctrica alemana, ¿les suena?). Ante lo complejo de la situación no hay más programa que patrioterismo y chulería.

En España se ha querido aplicar lo ensayado con éxito allí. Sembrar desazón y pesimismo para que la sociedad se desanime y se postre, de modo que no haya acción política progresista, que siempre conlleva movilización social, y se quede sola la nueva derecha para adueñarse del poder. En las democracias en donde hay una derecha liberal demócrata normal, sus formaciones buscan la movlización social y política para lograr el poder. Ello implica necesariamente hacerse con los votos de los moderados e indecisos, y por lo tanto, luchar por el espacio del centro. En España, como en Italia, no es así: esa nueva derecha no liberal utiliza la llamada crispación como estrategia central. Desde las inmorales diatribas de la COPE hasta los trolls ultras en internet,  se trata de hacer tanto ruido que la gente normal quede asqueada y se aleje de la política, dejándoles el campo libre. Así de sencillo.

Curiosamente, en la prensa española no aparecen los frecuentes encuentros que se producen entre José María Aznar, como representante de la FAES, con Gianfranco Fini y su fundación homóloga. Parece que ambos líderes neoderechistas coordinan bien sus esfuerzos y trasvasan elementos entre sus think tanks. Recuérdese que los orígenes --recientes-- de Fini están en el neofascista y mussoliniano partido Alleanza Nazionale, que recogió los restos de la extrema derecha aventada por las tramas negras previas a los años de plomo.

Vistas así, las cosas, la campaña del PSC en Cataluña, bajo el lema del optimismo, cobra verdadero sentido. Tenemos mucha suerte de que los sembradores de asco no hayan triunfado como en Italia, y deberíamos estar satisfechos y persistir en ahuyentar el mal rollo. Y, por supuesto, sin dejar de comprar la rica mozzarella italiana, por más que le haya alcanzado también el mal rollo impenitente de su país. Estaría bien que los italianos progresistas, que están fascinados por Zapatero, comprendieran esto y se pusieran en movimiento, con o sin Veltroni.

Algo sobre esto, y mucho más en una entrevista con Umberto Eco.

26/02/08

El debate electoral en la blogosfera

El debate, en la blogosfera española. Recopilado por Bitácoras punto com.

Vídeo íntegro del debate en Zaragózame punto com.

Transcripción del debate, para quienes prefieran leerlo.

Bien por Manuel Campo Vidal, viejo amigo del diario TeleeXprés, colega de correrías rojas por el Baix Llobregat, igualmente maño originario (Camporrells) y ¡oh! profeta de Manuel Castells, mi guru.

31/01/08

La culpa la tuvo el tren, y el vaivén del vagón de primera

Mientras mi admirado --no es ironía-- Zapatero se disponía a anunciar que el gobierno del Reino destinará 5.000 millones de euros a la ampliación y mejora de la red de trenes de cercanías... ¡de Madrid!, los pasajeros de un tren de que pasaba por Sant Feliu de Llobregat eran rescatados mediante pasarelas , al haberse bloqueado el convoy dentro de un túnel. Al día siguiente, se suspendía el tránsito de ferrocarriles por la misma línea a causa del  desprendimiento de un cable de la catenaria.

Con ello se manifestaban, una vez más, dos leyes fundamentales que rigen el sentido trágico de la vida: una, que las desgracias nunca vienen solas; otra, que lo peor que le puede pasar a quien tiene manía persecutoria es que le persigan.  Y una tercera, esta propia de otra actitud existencial, no se sabe si jocosa o cínica: no hay mal que por bien no venga. De modo que ayer se descolgó el amigo Pascual Maragall con un artículo en el que informaba de que en 24 horas anunciaría si se presentaba a las elecciones del día 9 con su partido demócrata veltroniano-obamiano.

Maragall, que tendrá Eisenhower como él dice pero no da puntada sin hilo,   hace su proclama no en el liberal y filoconvergente La Vanguardia o en el tripartitísimo El Periódico,  sino en el gratuíto ADN, al margen tanto de cualquier asociación al pedigrí del barcelonés de orden que teme, no que el cielo se derrumbe sobre su cabeza, como el jefe de Astérix, sino que lo haga la Sagrada Familia (no caerá esa breva) como del ciudadano neometropolitano que seguirá votando socialista aunque el tren de las narices acabe pasándole por encima. Signo de desmarque nada baladí en el país de los gestos, el no sacrificar ni en el altar del conde de Godó ni en el del papel progubernamental y pronicaragüense. Por si las moscas o por si las dudas, el hijo de la señora Basilisa, de quien sacó el carácter, menciona a su antiguo partido de esta guisa:

¿Y el PSC? El PSC es un partido favorable a las diputaciones provinciales que el nacionalismo siempre había denostado. Hace poco lo comenté en otro artículo: la tradición política catalana no es provincialista pero ahora incluso los defensores de les vegueries d'Esquerra, si los hacen presidentes de una diputación, alucinan.

Creo que las diputaciones tienen competencias exorbitantes en beneficio de un sistema de partidos poco transparente, siendo generoso.

Dicho esto, y sabiendo de mi interés por la evolución de la política americana y mi debilidad por los partidos demócratas, tanto el americano como el italiano, comprenderán que confíe en la rápida emergencia de nuevas fórmulas para poder votarlas el 9 de Marzo.

Ciutadans pel Canvi no quieren integrarse del todo en el PSC, como parecía y prefieren limitarse a ser un centro de debate, cosa que está muy bien pero no llena el vacío político actual. Dommage...

Pero, frente al escepticismo dominante, sigo pensando que la política sirve para algo.

De modo que si exhibir mala ostia es signo de excelente salud, al mencionar el clima diputacional como ecosistema del poder socialista catalán --y quien sabe si techo de su práctica política-- es, no ya padecer Eisenhower, sino además Marshall, Patton, Omar Bradley y, si me apuran, Ulysses S. Grant.

Por cierto que yo me proponía a explicar las causas del spleen catalán, que Pascual identifica muy bien, aunque su presidencia marcó un punto de no retorno en ese transcurso, y entre ellas, el hundimiento del catalanismo en sus diversas versiones. Pero al final me he acordado de una vieja canción de la radio, de cuando escuchábamos las aventuras de Taxi Key, y cuyo estribillo decía así:

La culpa la tuvo el tren,
y el vaivén del vagón de primera,
el vaivén
del tren.

Pues, visto el estado de cosas,   donde esté esa coplilla, que se quite We shall overcome como himno político de lucha, qué caramba. Porque Sant Feliu es la capital del Baix Llobregat, comarca de la que surgieron tanto la actual dirección del PSC como los jefes del Franz de Copenhague que hay en Tráfico y donde se fraguó el apuñalamiento del candidato a desmemoriado que por el momento no olvida. Y es que no sólo el Destino existe, sino que Dios escribe recto con renglones torcidos.

30/01/08

Víctima del fuego amigo

El 1 de enero, el gobierno al cual apoyo con mi voto autoritzó un aumento del precio de las autopistas de un 4%, con lo que el precio de la vía rápida más cara de España, que uso cada día para ir al trabajo y regresar de él pasó a costar 5,07 euros. Aunque su uso diario me supone una bonificación que deja el peaje em 2,71 euros, 5,42 euros del ala diarios no son moco de pavo en transporte.

Me dirán que, como ciudadano progresista y concienciado, use el transporte público. Hacerlo me supondría invertir una hora y media en la ida y otros 90 minutos en la vuelta, recurriendo en cada desplazamiento al uso de dos trenes y dos autobuses (no hay aparcamientos gratuítos cerca de la estación de mi pueblo, para que los que vivimos en las afueras podamos optar por el park and ride.

La estructura de transportes públicos del área metropolitana barcelonesa, con la salvedad de algunas líneas de autobús interurbanas y alguna remodelación del metro del Vallès, corresponde a la Cataluña de los años 50, previa a las primeras grandes migraciones andaluza y extremeña. A pesar de ello, el discurso de los defensores del transporte público --entre los que me cuento-- sigue basándose en penalizar el uso del automóvil, sin ofrecer alternativa práctica digna de consideración. El reciente descalabro de la red de trenes de cercanías acabó por poner en escena una mezcla de vodevil y catarsis colectiva.

Lo bueno es que, cuando la descalabrada línea ferroviaria, por cierto la de mayor tráfico de España, aún no estaba a pleno funcionamiento, el partido al que yo voto se descolgó con un decreto de limitación de la velocidad en el área metropolitana a 80 km por hora incluso en las autopistas. De modo que las vías rápidas por cuyo uso los ciudadanos pagamos a tocateja los peajes más onerosos de Europa se convierten, con ello, en vías digamos no tan rápidas. Pero, oh maravilla, los peajes recientemente incrementados permanecen incólumes. La respuesta de las autoridades cuando se les reclama a qué se debe la disminución de las prestaciones contra una mayor contribución económica es un monumento al cinismo: las autopistas no sólo ofrecen rapidez sino seguridad y otras ventajas. No se les ocurrió mencionar el aliciente de una mejor contemplación del paisaje al circular más pausadamente, por fortuna.

Así que vengo pagando más por llegar más tarde al trabajo y a casa. Uno no es que sea un nuvolari, y de hecho no suelo circular a más de 100 km por hora porque soy de natural parsimonioso. Pero la sensación de tomadura de pelo es ciertamente acre cuando el argumento de las autoridades a las que voto pertinazmente elección tras elección y que financio indefectiblemente ejercicio a ejercicio justifican la medida con los supuestos beneficios del aumento de la seguridad y la disminución de la contaminación, echando mano, una vez más, del bálsamo de Fierabrás de la seguridad y la salud de las narices, quizás la mejor coartada con la que colar de rondón limitaciones a las libertades tanto para un barrido como para un fregado. No me atrevo a decir que mucho más eficiente sería, a tales efectos, prohibir definitivamente la circulación de cualquier carruaje a motor de explosión, para no darles ideas.

Y cuando aún no me he repuesto del trance, el tipo situado por el partido que yo voto, que ideó la salutífera medida, se descuelga con la intención de estrechar los carriles de las autopistas para que así los automovilistas repriman sus ímpetus celeríferos. No dijo que ello se produciría a causa de un incremento de la sensación de inseguridad porque ser estúpido es compatible con ser taimado. Dicen que la idea del jefe de tráfico ha producido sonadas chanzas y carcajadas en el gobierno, y alguien comienza ya a asociar al gestor de la circulación con la ínclita figura del profesor Franz de Copenhague. Un servidor, amante de la cultura clásica, se limita a recordar que los dioses ciegan a los que quieren perder.

Cuando aún resuenan las mencionadas carcajadas gubernamentales. leo en la prensa que ha sido muy bien acogidas las declaraciones del director general de Seat, que augura un buen futuro a la planta productora de Martorell, a salvo de disminuciones de producción o deslocalizaciones. La noticia debe haber causado alivio en el partido que nombró a Franz y al que yo voto. Pues, como dice el chiste de El Roto de hoy, "Si aumentamos el consumo nos comeremos el mundo y si lo disminuímos nos comeremos los unos a los otros".  De esta paradoja cuelgan todas y cada una de las perplejidades con que vivimos en esta posmodernidad que ya no se sabe si es líquida, gaseosa o más bien de agua de Litines, Señor, qué tiempos más chorras estos.

Los antiautomovilistas --que tienen razón cuando proclaman que un exceso de tráfico rodado penaliza las opciones del transporte público-- no dicen ni mu ante las consecuencias laborales y sociales de una disminución de la producción de automóviles. La cantilena del ciclismo urbano, en una sociedad con una población cada vez más envejecida, es una broma pesada como alternativa considerable. Jordi Borja dice que tiene la sensación de que, cuando un gobierno carece de poder real, recurre a gestionar cuestiones secundarias con gran aparato gesticulatorio; debe ser un aspecto del horror vacui aplicado a la gobernanza.

Yo creo que nos hallamos ante la combinación fatal de tres formas de gangrena sociopolítica: 1. La aplicación del primer principio del mal gobierno: débil con los fuertes, fuerte con los débiles. El ciudadano identificable con matrícula, domicilio fijo y nómina es más fácilmente reprimible que el delincuente escurridizo. 2: La conciencia pragmática de que las transformaciones sociales a las que uno estaba llamado a provocar son irrealizables ahora y aquí conduce a una política de gestos que sirve tanto de ersatz como de autotranquilización. 3: Cataluña vive ahogada por un ensueño colectivo que la lleva a implicarse en un complejo entramado de signos y gestos, con los que exorcizar una muy particular forma de spleen nacional: lo que pudo haber sido y no fue. Para unos, una Holanda mediterránea, "libre, culta y feliz", como en el poema de Espriu; para otros, una falange de segadores demoledores de monarquías que reconstruyan una patria libre tan ideal como la del siglo XVIII pero con Playstation y pizzas; para los de más allá, una combinación de la Bolonia rossa y la selva lacandona.

Spleen, es spleen.

13/01/08

Pertenencia e identidad

Raimon Obiols, eurodiputado socialista y ex primer secretario del PSC, se muestra, una vez más, clarividente, como siempre ha sido:

Lo peor que podría suceder en la Catalunya de las próximas décadas sería un proceso en el que se produjese la secuencia siguiente: 1) el divorci progresivo entre unas políticas identitaristas cada vez más excitadas y gesticulantes y una sociedad cada vez más escéptica y abstencionista; 2) la consolidación “multicultural“, en la sociedad autóctona y en la inmigrada, de coágulos consolidados de identidades comunitarias, estáticas y aisladas; 3)  la excitación e instrumentalización política de esta situación por nacionalismos e identitarismos antagónicos y confrontados; 4) la ruptura del procéso de fusión colectiva y su substitución  por el  “choque de identidades“ en el interior de Catalunya;  5) la división permanente de Catalunya y su progresiva debilitación.

Por eso es escandaloso que, cuando el PSC llega a su hora de la verdad, se desentienda de las cuestiones referentes a lengua, nacionalidad, cultura y elementos comunicacionales de construcción nacional, delegándolas en su aliado nacionalista, para dedicarse a la política pseudosocialista de repartir beneficencia social. Ahora ni siquiera los socialistas parecen interesados en un federalismo, cuando se dan cuenta de que no hay federalistas al otro lado, y por ello, se esfuma en el aire cualquier atisbo de política de gestión de una nación moderna en transformación.  El pensamiento político socialista catalán de hoy no rebasa los límites de la gestión de una gran diputación.

Por cierto, ¿recordais cuando se reprochaba a Obiols que no podía ser un buen candidato a la presidencia de la Generalitat porque era soso y aburrido?

Post original en lengua catalana, en Notes de Brusel.les

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