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19/05/08

Una Historia de la Biblia

Jaume de Marcos reseña en su blog Estudios de las religiones en España una novedad bibliográfica: Historia de la Biblia, de Jaroslav Pelikan, en la que califica al libro de libros como "uno de los libros más influyentes y, sin embargo, quizá también uno de los más desconocidos de la cultura occidental". Introduce una afirmación que me sorprende y que me gustaría que me aclarase:  "Tras el período medieval, en el que cabe destacar el uso de las glosas como explicación de determinados pasajes (y que, en algunos casos, llegarán incluso a incorporarse al mismo texto), llegan el Humanismo y la Reforma y con ellos, la renovación del interés por la literalidad del texto bíblico". ¡Vaamba! ¿Significa eso que ese libro que algunos consideran un fundamento inamovible de la fe tuvo "añadidos" alrededor de un milenio después de la muerte de Jesús?

En cualquier caso, la falta de cultura bíblica en Catalunya y España en general es escandalosa.  Una cosa es que los ciudadanos practiquen o dejen de practicar las confesiones religiosas relacionadas con este texto (que son, por supuesto, más de una) y otra muy distinta es el escandaloso desconocimiento de una colección de textos y sus correspondientes hechos históricos y antropológicos que han contribuído a modelar contundentemente nuestras mentalidades individuales y colectivas.

Olvidar la Biblia no nos ha hecho más libres sino más burros, convertidos en analfabetos simbólicos huérfanos de un conocimiento que no sólo tiene que ver con nuestro pasado sino que habla a gritos sobre la condición humana en todo tiempo y lugar.

La persecución primero y marginación después de las iglesias protestantes ha sido decisiva en esta amputación cultural, y no menos en esta Catalunya tan encantada de conocerse a si misma y a su inmediato pasado: la tradición protestante catalana es más que centenaria (en el Poble Nou barcelonés, en Terrassa, en las zonas industriales del Llobregat) y sin embargo, ha sido tozudamente omitida, ocultada y ninguneada por el liderazgo cultural católico catalanista del franquismo, el tardofranquismo y la transición. Catalunya se ha construído un espejo deformante, formado por la mezcla cat-com (católico-comunista), determinante en la cultura del tardofranquismo y la transición, en el que el meritorio papel de los sectores progresistas católicos ha ocultado el papel de los no menos perseguidos cristianos evangélicos. Montserrat no ha hecho nunca nada en este sentido, pero Poblet tampoco.

¿Cómo volver a ganar una cultura bíblica, laica si se desea, en un tiempo en que la iglesia católica deriva hacia el sectarismo y el protestantismo asume roles de conservadurismo ampliamente practicados en el mundo anglosajón?

13/01/08

Lucio Dalla, en el Opus Dei

El otro día un servidor se asombraba de que Andrea Riccardi hubiera asistido a la manifestación de los obispos neofranquistas en Madrid. Aún no había repasado los ejemplares atrasados en papel del Corriere de la Sera para ver que Lucio Dalla se confiesa miembro del Opus Dei.

27/08/06

El abad de Montserrat, contra el nacionalcatolicismo

Las páginas dominicales de El País de hoy publican una entrevista con el Abad de Montserrat, Josep Maria Soler, que resulta un alivio en medio de la barahúnda nacionalcatólica que nos ha venido encima. "Un sector de la jerarquía católica tiene nostalgia del nacionalcatolicismo", dice el abad de la comunidad benedictina, quien no es precisamente un rojo sino un ciudadano que podría situarse en el centroderecha.

Uno, que no cree en absoluto en ese nefasto "cuanto peor, mejor", no desea que la iglesia católica derive hacia posiciones ultramontanas. Esto nunca ha beneficiado a las fuerzas de progreso en nuestro país, y no va a hacerlo ahora. Un sector católico progresista, en tiempos de Pablo VI, fue decisivo para que el antifranquismo fuera un amplio movimiento ciudadano; un catolicismo abierto, hoy, debería beneficiar igualmente a los ciudadanos en general, de otras confesiones o sin ella. La posición reaccionaria de parte de la jerarquía española y de bastantes sectores de la iglesia contrasta fuertemente con la enorme capacidad del catolicismo romano para aportar paz, diálogo y buena voluntad en todos los sectores de la sociedad y de todo el mundo. Cualquier demócrata y cualquier persona de buena voluntad debería favorecer posiciones como las del padre Soler.

He aquí algunos respuestas de la entrevista que merece la pena destacar:

La Iglesia debe aprender a situarse en otro contexto social, y ese contexto, según la Constitución y desde la separación entre la Iglesia y el Estado, e define como un verdadero Estado laico que supone eso: una separación real entre lo que es el Estado y su lógico derecho a promulgar leyes, y lo que es la Iglesia y la misión de la Iglesia, que no tiene esa capacidad legislativa. Eso no quiere decir que la Iglesia deje de decir lo que crea que debe decir en relación con la dimensión trascendente de la persona, porque eso es enriquecedor para sociedad, pero teniendo siempre presente que en un Estado aconfesional o laico, la voz de la Iglesia es una voz que no puede imponer sus criterios a los legisladores.

Querría creer que tienen miedo a que se pierdan determinados valores, aunque también les preocupa ver cómo se les va de las manos el poder que tuvieron. Pero creo también que lo que quieren es mantener una manera determinada de entender España. Y también hay un proceso que a ellos, a la jerarquía católica más conservadora, les preocupa muchísimo, yo diría que les desborda realmente, que es el proceso de secularización de la sociedad española. La cuestión sobre la que se debe interrogar la Iglesia no debe estar en relación con lo que ellos identifican como crisis de fe, sino en responder con honestidad a la pregunta de por qué no hemos sabido conectar el mensaje del Evangelio con las inquietudes de la gente. Eso es lo que debería preocuparles, lo que debería preocuparnos a todos. Desde mi punto de vista, ha fracasado el lenguaje, el planteamiento demasiado intransigente de ciertos temas que angustian al mundo moderno, y, sin duda, el no aceptar que, al final, el hombre decide libremente sobre su vida, diga lo que diga la Iglesia. Hoy, la Iglesia no está presente en la sociedad y, lo que es peor, cuando está presente, lo está de modo inadecuado, cuando no ridículo.

Porque no saben hacer otra cosa. Porque es más complicado, más exigente, proponer a la persona de Jesús desde un planteamiento de inteligencia que no repugne la racionalidad, porque se ha prescindido del respeto a la naturaleza superior de la condición humana. Y, bueno, quizá no en todas partes ha sido así, porque la concepción mágica del hecho religioso ha sido más fácil de introducir en Galicia que en Cataluña. Desde mi punto de vista, el concepto mágico prostituye la verdadera naturaleza de la fe, que es una adhesión racional, desde la afectividad y la inteligencia, a una creencia. Muchos problemas que hoy tiene la Iglesia se deben a la crisis del recurso a lo mágico, que hasta ahora apuntalaba unas verdades incontestables. Unas verdades que no sólo son contestadas por parte del hombre moderno, sino que, sencillamente, se desmoronan. No existe un Dios tapaagujeros, ni un Dios que soluciona problemas.

Por ejemplo, en el tema de la COPE, que yo ya no la escucho, he hecho algunas gestiones en el Vaticano, en la Nunciatura, y firmé un documento que se envió a la Conferencia Episcopal protestando por sus contenidos. Creo que es lamentable que los obispos no tengan el coraje de poner freno a la estrategia de envenenamiento de la sociedad que llevan a cabo los más destacados colaboradores de la emisora. Así lo dije y lo sigo diciendo, y me parece muy triste que no haya una mayoría de obispos que tengan el valor de poner fin a una situación que contradice y repugna abiertamente los valores del Evangelio y también los de la convivencia democrática. Me atrevo a decir que los obispos mantienen la COPE en esos niveles de beligerancia porque les interesa mantener, también, lo que ellos pueden considerar una situación de equilibrio con... con la SER, aunque pienso que la SER no es tan radical como la COPE... En definitiva, la Conferencia Episcopal mantiene la COPE como está por una estrategia política y no eclesial.

Es verdad que Montserrat ha pasado por ser, en el imaginario popular, un referente del nacionalismo, pero la realidad es mucho más amplia porque aquí han nacido muchas formaciones políticas de muchas tendencias, y porque aquí se han defendido los valores democráticos de forma comprometida y abierta. Equiparar Montserrat a nacionalismo es una visión reduccionista. Como todo monasterio benedictino, Montserrat está muy enraizado en la cultura catalana y su lengua, pero no en contraposición o en confrontación con otras cosas. En cualquier caso, quiero decir, rotundamente, que ese temor a la desunión de España por parte de un amplio sector de la jerarquía católica, esa ofensiva contra lo catalán que también se hace desde el ámbito de la derecha política, no corresponde a la realidad ni a lo que siente la inmensa mayoría del pueblo catalán.

Creo que la jerarquía católica tiene la convicción de que hay que defender lo que ellos llaman la unidad de España, que, según ellos, los nacionalistas quieren romper. Ellos mantienen que la unidad de España, según ellos la entienden, claro, es un bien moral, lo cual es absolutamente falso y no tiene base teológica. Pero lo más importante es que, desde mi punto de vista, la Iglesia no debe quedar identificada con ningún partido concreto, en este caso con el PP como lo está haciendo. Lamentablemente, la mayoría de obispos creen que los nacionalismos ponen en peligro la unidad de España, y eso no es así. Una cosa es la unidad de fe, y otra muy diferente, el tema de la organización política de una sociedad, de un Estado que puede tomar mil formas.

06/02/06

El derecho a la irreverencia

Dansk "La irreverencia es un componente esencial de la libertad". Mark Twain

Francesc-Marc Alvaro: Si cae Dinamarca.

22/05/05

El imperativo herético

El amigo Jaume de Marcos, líder de la Sociedad Unitaria Universalista de España, propone la lectura de un artículo de Javier Otaola titulado El imperativo herético, publicado en Protestante Digital, que es un verdadero antídoto contra el dogmatismo en los tiempos que corren. Otaola es el Defensor del Ciudadano en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y ha sido Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española.

Ver en la sección de Textos recomendados (columna de la izquierda) uno de Javier Otaola: El Mediterráneo como espacio de mediación).

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