Uno, que no cree en absoluto en ese nefasto "cuanto peor, mejor", no desea que la iglesia católica derive hacia posiciones ultramontanas. Esto nunca ha beneficiado a las fuerzas de progreso en nuestro país, y no va a hacerlo ahora. Un sector católico progresista, en tiempos de Pablo VI, fue decisivo para que el antifranquismo fuera un amplio movimiento ciudadano; un catolicismo abierto, hoy, debería beneficiar igualmente a los ciudadanos en general, de otras confesiones o sin ella. La posición reaccionaria de parte de la jerarquía española y de bastantes sectores de la iglesia contrasta fuertemente con la enorme capacidad del catolicismo romano para aportar paz, diálogo y buena voluntad en todos los sectores de la sociedad y de todo el mundo. Cualquier demócrata y cualquier persona de buena voluntad debería favorecer posiciones como las del padre Soler.
La Iglesia debe aprender a situarse en otro contexto social, y ese contexto, según la Constitución y desde la separación entre la Iglesia y el Estado, e define como un verdadero Estado laico que supone eso: una separación
real entre lo que es el Estado y su lógico derecho a promulgar leyes, y
lo que es la Iglesia y la misión de la Iglesia, que no tiene esa
capacidad legislativa. Eso no quiere decir que la Iglesia deje de decir
lo que crea que debe decir en relación con la dimensión trascendente de
la persona, porque eso es enriquecedor para sociedad, pero teniendo
siempre presente que en un Estado aconfesional o laico, la voz de la
Iglesia es una voz que no puede imponer sus criterios a los
legisladores.
Querría creer que tienen miedo a que se pierdan determinados
valores, aunque también les preocupa ver cómo se les va de las manos el
poder que tuvieron. Pero creo también que lo que quieren es mantener
una manera determinada de entender España. Y también hay un proceso que
a ellos, a la jerarquía católica más conservadora, les preocupa
muchísimo, yo diría que les desborda realmente, que es el proceso de
secularización de la sociedad española. La cuestión sobre la que se
debe interrogar la Iglesia no debe estar en relación con lo que ellos
identifican como crisis de fe, sino en responder con honestidad a la
pregunta de por qué no hemos sabido conectar el mensaje del Evangelio
con las inquietudes de la gente. Eso es lo que debería preocuparles, lo
que debería preocuparnos a todos. Desde mi punto de vista, ha fracasado
el lenguaje, el planteamiento demasiado intransigente de ciertos temas
que angustian al mundo moderno, y, sin duda, el no aceptar que, al
final, el hombre decide libremente sobre su vida, diga lo que diga la
Iglesia. Hoy, la Iglesia no está presente en la sociedad y, lo que es
peor, cuando está presente, lo está de modo inadecuado, cuando no
ridículo.
Porque no saben hacer otra cosa. Porque es más complicado, más
exigente, proponer a la persona de Jesús desde un planteamiento de
inteligencia que no repugne la racionalidad, porque se ha prescindido
del respeto a la naturaleza superior de la condición humana. Y, bueno,
quizá no en todas partes ha sido así, porque la concepción mágica del
hecho religioso ha sido más fácil de introducir en Galicia que en
Cataluña. Desde mi punto de vista, el concepto mágico prostituye la
verdadera naturaleza de la fe, que es una adhesión racional, desde la
afectividad y la inteligencia, a una creencia. Muchos problemas que hoy
tiene la Iglesia se deben a la crisis del recurso a lo mágico, que
hasta ahora apuntalaba unas verdades incontestables. Unas verdades que no sólo son contestadas por parte del hombre moderno, sino que, sencillamente, se desmoronan. No existe un Dios tapaagujeros, ni un Dios que soluciona problemas.
Por ejemplo, en el tema de la COPE, que yo ya no la escucho, he hecho
algunas gestiones en el Vaticano, en la Nunciatura, y firmé un
documento que se envió a la Conferencia Episcopal protestando por sus
contenidos. Creo que es lamentable que los obispos no tengan el coraje
de poner freno a la estrategia de envenenamiento de la sociedad que
llevan a cabo los más destacados colaboradores de la emisora. Así lo
dije y lo sigo diciendo, y me parece muy triste que no haya una mayoría
de obispos que tengan el valor de poner fin a una situación que
contradice y repugna abiertamente los valores del Evangelio y también
los de la convivencia democrática. Me atrevo a decir que los obispos
mantienen la COPE en esos niveles de beligerancia porque les interesa
mantener, también, lo que ellos pueden considerar una situación de equilibrio
con... con la SER, aunque pienso que la SER no es tan radical como la
COPE... En definitiva, la Conferencia Episcopal mantiene la COPE como
está por una estrategia política y no eclesial.
Es verdad que Montserrat ha pasado por ser, en el imaginario popular,
un referente del nacionalismo, pero la realidad es mucho más amplia
porque aquí han nacido muchas formaciones políticas de muchas
tendencias, y porque aquí se han defendido los valores democráticos de
forma comprometida y abierta. Equiparar Montserrat a nacionalismo es
una visión reduccionista. Como todo monasterio benedictino, Montserrat
está muy enraizado en la cultura catalana y su lengua, pero no en
contraposición o en confrontación con otras cosas. En cualquier caso,
quiero decir, rotundamente, que ese temor a la desunión de España por
parte de un amplio sector de la jerarquía católica, esa ofensiva contra
lo catalán que también se hace desde el ámbito de la derecha política,
no corresponde a la realidad ni a lo que siente la inmensa mayoría del
pueblo catalán.
Creo que la jerarquía católica tiene la convicción de que hay que
defender lo que ellos llaman la unidad de España, que, según ellos, los
nacionalistas quieren romper. Ellos mantienen que la unidad de España,
según ellos la entienden, claro, es un bien moral, lo cual es
absolutamente falso y no tiene base teológica. Pero lo más importante
es que, desde mi punto de vista, la Iglesia no debe quedar identificada
con ningún partido concreto, en este caso con el PP como lo está
haciendo. Lamentablemente, la mayoría de obispos creen que los
nacionalismos ponen en peligro la unidad de España, y eso no es así.
Una cosa es la unidad de fe, y otra muy diferente, el tema de la
organización política de una sociedad, de un Estado que puede tomar mil
formas.
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